lunes, 14 de marzo de 2016

Lo que Rembrandt unió... que no lo separen los museos

(Más sobre pintura y sobre mujeres pintoras)

Dos obras de arte unidas para la eternidad. Eso son los retratos de Maerten Soolmans y Oopjen Coppit (el matrimonio Soolmans), que Rembrandt (1606-1669) pintó en el año 1634 y con los que los museos del Louvre (París) y Rikjsmuseum (Amsterdam) estrenan el sistema de custodia compartida. Un final feliz que ha sido posible gracias a un acuerdo entre los Estados francés y holandés, cada uno propietario de uno de los cuadros, que pactan exponer a sus retoños siempre juntos (en uno u otro museo), por períodos alternos e idénticos de tiempo.

Retratos de Maerten Soolmans y Oopjen Coppit
 (Rembrandt, Louvre/Rikjsmuseum).
Oopjen Coppit (1611-1689) y su marido, Maerten Soolmans (1613-1641), se convierten así en unas de las piezas más protegidas y preciadas del Louvre, casi tan mimadas como Mona Lisa, que nunca se mueve del palacio en la orilla del Sena. Desde el jueves, 10 de marzo, los esposos Soolmans reciben a sus visitas de pie, en todo su esplendor, en un extremo de la Gran Galería del Louvre. Transcurridos tres meses, viajarán al Rikjsmuseum para ser expuestos otros meses, al cabo de los cuales pasarán a ser invisibles salvo para los ojos de los restauradores. El Louvre los volverá a exhibir durante cinco años y el Rikjsmuseum los recuperará otros cinco años. Volverán a París para pasar ocho años, desde allí regresarán a Amsterdam otros ocho años, y así, de ocho años en ocho años... hasta la eternidad.

Retrato de Maerten Soolmans (detalle).
¿Quiénes son los Soolmans para merecer tanto ajetreo? Cuando los pintó Rembrandt eran un ejemplo del creciente poder de las elites comerciantes holandesas del Siglo de Oro. Burgueses enriquecidos que imitaban a los nobles y como tales se hicieron retratar, vestidos con ropa negra a la última moda francesa del siglo XVII, adornados con perlas y diamantes, exhibiendo sedas, encajes y llamativos zapatos.

Retrato de Oopjen Coppit (detalle).
La esposa, dos años mayor y más rica, tenía 23 años y estaba embarazada cuando posó para el artista. Pese a su juventud, la pareja no pudo disfrutar unida de su fortuna por mucho tiempo, pues él murió tan sólo siete años después de que los cuadros fueran acabados. Rembrandt cobró 500 florines, una suma considerable, equivalente al sueldo de un año de un empleado asentado.

El ajetreo de los lienzos comenzó en 1877, cuando el noble holandés Willem van Loon los vendió por 1,5 millones de florines (30 millones de euros al cambio actual) al barón francés Gustave de Rothschild, quien los legó a su descendencia. Pero en 2015, su propietario, Eric de Rothschild, anunció que los vendía por 160 millones de euros, una cifra que ni Francia ni Holanda se podían permitir. Antes de separarlos y que fueran a parar a algún emirato petrolero, los dos países pactaron adquirirlos a medias, exhibirlos a medias, en régimen de custodia compartida.

'Diana y Calisto', de Tiziano.
Una segunda pareja de cuadros recientemente reunida es la compuesta por Diana y Calisto y Diana y Acteón, pintados por Tiziano y cuya propiedad decidieron repartirse la National Gallery de Londres y las Galerías Nacionales de Escocia, en un sistema parecido al de los museos del Louvre y Rikjsmuseum.

'Diana y Acteón', de Tiziano.
La pinacoteca londinense pudo al fin comprar, en el año 2012, Diana y Calisto, para juntarla con su casi gemela, también de asunto mitológico, que ya pertenecía al museo escocés. Los dos cuadros costaron en total en torno a 113 millones de euros y ahora se exponen de modo alterno en Londres y en Edimburgo. Uno al lado del otro. Inseparables.

'Adán' y 'Eva', de Alberto Durero. 
También pareja de cuadros, pero reunidos hace cientos de años, son Adán y Eva, del alemán Alberto Durero (1471-1528), propiedad del museo del Prado de Madrid. Fueron pintados en 1507 y son considerados los primeros desnudos a tamaño natural de la pintura en el norte de Europa. En ambos cuerpos se aprecia el dominio de la anatomía humana que tenía el artista, que sabe crear unas figuras en armonía, bellas, con un color y una iluminación perfectos para destacar contra el fondo negro del lienzo. Un placer para la vista multiplicado por dos.

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