jueves, 4 de febrero de 2016

'Carta a Don Juan': relatos osados de Carmen Laforet

(Más sobre Carmen Laforet y sobre sus obras)  

Carmen Laforet (1921-2004) fue una mujer adelantada a su tiempo, que no pudo resistir las costuras de la estrecha sociedad que le tocó vivir. Quizá por eso, y pese al éxito rotundo de Nada (su primera novela, ganadora del premio Nadal 1944), la escritora fue más famosa por sus silencios y sus ausencias que por su producción literaria, hasta que finalmente dejó de  escribir y se apartó del mundo. En todos los sentidos.

Carmen Laforet (1921-2004), en una
foto de 1945, tras ganar el Nadal.
Ya he hablado de Nada (1945), La mujer nueva (1955), La insolación (1963) y Al volver la esquina (póstuma, 2004). Ahora le toca el turno a sus cuentos y relatos breves, tenidos por productos menores, algunos incluso mediocres o despachados por la crítica como "experimentos juveniles". Con todo, las historias breves de Laforet merecen ser leídas con atención. Están llenas de frescura, casi como salieron de su pluma, pues ella apenas corregía sus textos, según contó su hijo Agustín Cerezales, quien confesó también que su madre no conservó papeles de juventud de los que escribió mientras vivía en Las Palmas de Gran Canaria.

Carmen Laforet no supo ni pudo hallar su hueco en la recatada España de posguerra: tras el reconocimiento que logró con Nada, le llovieron las malas críticas por La mujer nueva. Problemas personales, crisis psicológica y ruptura matrimonial acabaron por quitarle las ganas de escribir. Publicó los últimos cuentos en 1952, y a partir de ese año sólo produjo un libro de viajes hasta que, en 1963, La insolación cerró su obra en vida. 

'Carta a Don Juan', volumen
de relatos de Carmen Laforet.
Algo de ese desenlace se barruntaba ya en las historias primerizas de Carta a Don Juan (póstumo, 2007) un volumen de relatos que incluye los diez que la autora seleccionó para publicar, y otros dieciséis inéditos (o que se perdieron en revistas de raro acceso). Hay cuentos anteriores a 1944, y es cierto que son brotes inmaduros, como Leyenda de Alcorah o las tres Fugas. Pero también se recopilan aquí las historias más representativas de su actividad cuentística. Son relatos plagados de vidas míseras, seres humanos empobrecidos, hogares de horizontes grises, gente muy humana... todo ello en el marco de la posguerra. Basta leer El regresoLa fotografía o Un matrimonio para transportarse a una sociedad que disgusta y deprime, por suerte, ya superada. 

Carmen Laforet (foto no fechada,
pero en torno a 1945).
Carmen Laforet es especialmente hábil al crear sus protagonistas femeninas, a las que hace cargar con un alud de pena, casi siempre inmersas en una vida infeliz, como la antiheroína de Rosamunda. Y, aunque quiero creer que no son los recuerdos ni la vida familiar de Laforet los que se deslizan en Recién casados o La extranjeraestoy segura de que lo son.  

Leer estos relatos, pese a su muy desigual calidad, ayuda a comprender mejor la literatura laforetiana, su argamasa de tintes familiares, con un gusto particular por disecar la cotidianidad con el mismo primor que un entomólogo preserva la belleza de las alas en una mariposa.


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