martes, 15 de diciembre de 2015

En memoria de Ana María Matute (y II)


       (Continuación de En memoria de Ana María Matute (I))


                                           Firma invitada: JAVIER CARAZO AGUILERA
Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente prepara la publicación de su tesis doctoral sobre William Layton (1913-1995).


(...) Adri había decido quedarse en ese legendario Reino de Olar. De vez en cuando atravesaba el túnel para ir en busca de algunos libros situados en la vieja casona. Siempre por la noche, subrepticiamente. No quiso volver más a ese mundo repleto de odios y mentiras. Hasta ese día, cuando tras algún tiempo esperando el regreso del locuelo Unicornio, se desesperaba de que éste no apareciese. ¿Y si no vuelve más?

"Una niebla empezó a rodearla,
a empujarla..."
Allí estaba de nuevo, en el mundo de los Gigantes. Pero el cielo se oscureció de repente, el viento empezó a ser muy fuerte. De pronto, su corazón comenzó a agitarse y a bombear cada vez más rápido. Tenía que regresar, pronto, ya, inmediatamente… No sabía por qué... Una niebla empezó a rodearla, a empujarla, sentía cómo sus piernas iban más rápido en cada paso que daba. En un tropiezo, perdió una zapatilla, así que tuvo que seguir con un pie descalzo. La niebla era cada vez más espesa y oscura. Adri sentía que era casi llevada en volandas hasta que fue lanzada a la explanada del Reino de Olar. Allí se topó con el Unicornio, que estaba inmóvil, mirando al Sur, la tierra de los viñedos y del mar abierto.

Y subido a él pudo ver, por primera vez, a ese pequeño príncipe que formaba parte del séquito de la Princesa Tontina. Le reconoció porque llevaba un ala de cisne en lugar de un brazo, tal y como se reflejaba en El Libro de los Linajes. Era el Príncipe Once, llamado así porque era el menor de once hermanos. Una voz de cristal salió de su cuerpo: “¡Casi no llegas!”. “¿A dónde?”, preguntó Adri. “Vas a venir conmigo”, le contestó el Príncipe. “Vamos a acompañar a la Dama Blanca. He estado jugando esta mañana con ella a No Volver Nunca”.

Novela inacabada de
Ana María Matute.
El Príncipe Once desplegó su ala y ayudó a Adri a subir al Unicornio. “Ella no quería partir. Pero le dije que veía en su interior un corazón grande con la leyenda: Esta niña valiente nunca será derrotada”, expuso el Príncipe. “Iremos con ella justo, justo hasta el límite de la Historia de Todos los Niños”, añadió. “Pero ella no podrá entrar. Ya no es una niña como nosotros”, gritó Adri. “Es cierto, pero estará allí, al lado, junto al Príncipe Almíbar que tampoco pudo entrar y la ha estado esperando desde entonces. Ambos sufrieron por amor, pero ambos amaron mucho y bien”, explicó Once.

El Unicornio cogió la senda del Sur, atravesando las llanuras, los bosques y las montañas. En el aire todavía se oía la voz del Príncipe Once: “¡Allí, pegandito a la Historia de Todos los Niños estará la Dama Blanca contándonos a nosotros, los niños, y solo para nosotros, todas sus historias, las escritas y las no escritas, incluso la última que no llegó a concluir (Demonios familiares). Su voz podrá traspasar los muros invisibles que nos separan!...”.


Ana María Matute, en una foto
promocional (fecha desconocida).
Hace año y medio que La Dama Blanca (Ana María Matute) falleció a los 88 años en Barcelona. Sus historias (El Saltamontes verde, Toda la brutalidad del mundo, Cuentos de infancia, Caballito loco, Sólo un pie descalzo, Paulina, La torre vigía, Primera memoria, Los Abel, Luciérnagas, Pequeño teatro…) están tan vivas como antes de su último juego. Desde hace año y medio -y dos Ferias del Libro de Madrid sin ella- sólo quienes forman parte de la Historia de Todos los Niños pueden seguir oyendo sus nuevas narraciones. Pero es un terreno vedado en el que sólo pueden entrar los elegidos. Quienes lean estas líneas ya no podrán entrar. No. No podrán. No podremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario