viernes, 20 de noviembre de 2015

Viaje a Chipre (y III): museo Leventis y la Nicosia ocupada


Chipre es ya un recuerdo lejano. Es curioso cómo hay viajes que impregnan nuestro día a día durante meses, incluso años, y otros apenas se rememoran en la cotidianidad. No porque no gusten o dejen huella, sino porque… no sé por qué, la verdad.

Sala de la reina chipriota Caterina Cornaro
(1454-1510), en el museo Leventis (Nicosia, Chipre).
El domingo, 1 de febrero de 2015, se cumplían seis días desde nuestra llegada a la isla de Chipre y era también el último día que teníamos para conocer más en profundidad la capital, Nicosia. Después de desayunar en el hotel Centrum, fuimos a visitar el Museo Leventis de arte municipal, muy interesante, gratuito, donde descubrí dos mujeres sobre las que prometí escribir en este blog. Una de ellas, la benefactora y coleccionista de arte Leto Severis (1916-1998), ya tiene su entrada propia, y con la otra, Caterina Cornaro (1454-1510), noble veneciana que llegó a ser reina de Chipre y de Armenia, la última monarca de la dinastía Lusignan en la isla (la cual entregó a los venecianos), aún estoy en deuda.

Mezquita Omeriye (Nicosia, Chipre).
Tras la visita al museo dimos un largo paseo por la Nicosia antigua. Admiramos el exterior de la mezquita Omeriye, enfrente de la cual están los restaurados Baños Omeriye (1570); contemplamos las fachadas y serpenteamos por las calles algo destartaladas del corazón viejo de la ciudad; miramos tras las rejas el palacio del arzobispo Macario (1913-1977), quien en 1960 sería el primer presidente de la recién creada República de Chipre

Puerta Famagusta (Nicosia, Chipre).
Había poca gente caminado por las calles, se acercaba la hora de la comida y las terrazas de los cafés y los bares reclamaban ya a sus parroquianos. Me sorprendió la monumental puerta de Famagusta y me gustó todavía más la iglesia ortodoxa de Faneromeni, repleta de iconos muy bonitos y originales, que estaba muy engalanada porque ese domingo era la víspera de festividad de la Candelaria.

Luego buscamos y hallamos un restaurante típico chipriota, sin menú ni precio, comimos en una terraza al aire libre elevada sobre el patio, lugareños y muy pocos turistas. El encargado nos fue relatando en inglés los platos de la casa, de los que elegimos habas con puerros (cortesía de la casa) y champiñones, cordero, dos copas de vino blanco y una cerveza de 675 ml, por 30 euros con postre y café incluido. El restaurante tiene adosada una librería.

Bidones taponan y hacen de muro en la Nicosia chipriota
y aíslan la zona ocupada por los turcos desde 1974.
 
Con el estómago lleno, mi compañero de fatigas y yo optamos por desandar el camino de vuelta hacia el hotel siguiendo el muro que divide las dos Nicosias. Las imágenes son desoladoras, no sólo por los alambres de espino que se ven aquí y allá, sino por los bidones llenos de arena, los tablones de madera o los sacos tapiando lo que antes de 1974 fueron bocacalles y esquinas llenas de vida. 

Alambre de espino y torre vigía en Nicosia. Un muro
divide la parte chipriota de la ocupada por Turquía.
 
Estábamos cansados, pero aun así decidimos aprovechar nuestra última noche en Chipre. Subimos al observatorio de la torre Shacolas (los cinco primeros pisos están ocupados por los almacenes Debenhams) para ver Nicosia desde las alturas, pero estaban ya a punto de cerrar y tuvimos que conformarnos con otear el panorama desde la cafetería de la planta sexta. Allí nos sorprendió el atardecer y cayó la noche. Nos rodeaban los murmullos procedentes de las mesas vecinas. A través de las ventanas acristaladas, en la lejanía, se sucedía el titilar rojizo de la bandera turca que, pintada en una colina de la Nicosia invadida, es visible desde cualquier punto elevado de la Nicosia chipriota. Una provocación luminosa que recuerda a los habitantes de la zona europea lo que han perdido a manos de los turcos.

Al día siguiente era lunes (2 de febrero) y tocaba regresar en coche al aeropuerto de Larnaka, donde entregamos nuestro Ford Fiesta rojo y a las 10:20 horas de la mañana despegábamos rumbo a Atenas. Las vacaciones en Chipre habían llegado a su fin. Ahora tocaba la segunda parte de ese viaje de invierno, en un hotel a los pies de la Acrópolis.

(Continuará...)

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