sábado, 17 de octubre de 2015

De las fauces del olvido: dos poemas y un billete de tren


(Mi poema Personaje y un par de mis relatos en La casa de las palmeras)

Cada casa, piso, garaje, buhardilla o altillo guarda cajas tan peligrosas como la de Pandora y huecos de armario tan transgresores como el de Narnia, y hasta la más ingenua de sus pertenencias es capaz de revolvernos por dentro, de sacudir nuestra cotidianidad siquiera sea por un lapso de segundo.

Poema de juventud 1.
Es lo que me ha pasado al expurgar las páginas de decenas de libros en busca de una foto que creía haber guardado algún día allá por los años noventa del siglo pasado. No he hallado la fotografía en cuestión, pero he rescatado de las fauces del olvido dos poemas y un billete de tren. Estaban en un libro que nunca leí, El sueño de Oslo, de Juan Cruz. Los dos poemas son míos, es decir, de mi autoría, y así han emergido, escritos de modo atropellado con mi descuajeringada letra, cubriendo casi por completo la cara y la cruz de un sobre despanzurrado. Son dos malas poesías que denotan la falta de oficio de mi yo de hace treinta años, ambas con el mismo tema, recurrente entre post-adolescentes, del hastío y el sofoco.

Poema de juventud 1

La soledad del remordimiento acumulado,
la terrible necesidad de aparentar,
la huida del orgullo en la búsqueda
final

Yo te quise, te quiero
y aún más difícil evaporarme
¡en medio de tanto amor!

Soledad compartida, disimulada,
soledad compañera, siempre
arrinconada

La soledad del remordimiento maltratado,
la terrible necedad de simular,
la huida del prejuicio en la pérdida
inicial

Yo te quiero, te quise
y aún más difícil pernoctar
¡en medio de tanto frío!

Poema de juventud 2.
Son dos poemas tirando a malos y, aun así, los reproduzco en este blog (que es lo más parecido a un diario personal que tuve nunca) tal y como los escribí, sin poner ni quitar una coma. Hoy los escribiría de otro modo, ordenados y adornados, tendrían mejor ritmo y no me producirían tanto sonrojo, pero son mis tiernas criaturas, son una parte de mí y me conmueve que hayan esperado treinta años, pacientemente, a que las reconociera como mías. Publicar estos dos poemas aquí, en el otoño de 2015, es mi prueba de paternidad.

Poema de juventud 2

Vivir a contracorriente intentando
apurar los instantes únicos,
¿qué queda más?
¿qué puede quedar?
El salto definitivo,
plis, plas, plaff.
Decididos siempre, adelante,
y sin embargo, cuando
se para a pensar
un nudo de pena y miedo
ajusta su garganta
¿Qué más puede quedar? 

El billete de tren lleva por fecha el 14 de julio del año 1988. Es el que utilizó mi entonces amigo de universidad (y casi desde entonces compañero en la vida) para visitarme en Ferrol, donde ese verano yo hacía prácticas en Radio Ferrol, de la cadena Ser. Desde entonces, él y yo hemos viajado, por tierra, mar y aire, a más países de los que podría contar, así que el valor de este billete trasciende la peripecia personal.

Billete de tren Madrid-Ferrol de 1988.
La transformación de un país cabe en el cartón impreso de un billete de tren. Para empezar, este billete de 1988 es de un tren nocturno, porque en la España preAVE existían trenes nocturnos, y éste, además, salía de la estación de Príncipe Pío, en Madrid, cuando en esa estación había algo más que un ramal de Cercanías y un centro comercial abierto los 365 días del año, Además, el billete es de un vagón de No Fumadores, porque aunque ahora nos parezca inaudito, en este país se fumaba en los trenes hasta 2005, cuando Renfe lo prohibió en los trayectos inferiores a las cinco horas. Por supuesto, el 14 de julio de 1988 la moneda de España era la peseta, y los precios eran la mitad que hoy: 2.710 pesetas costaba ir de Madrid a Ferrol entonces, que convertido a euros sin contar la inflación vienen a ser unos 17 euros. Un billete medio sólo de ida vale hoy unos 40 euros.

Esta tarde llovizna en Madrid, una tarde propicia para arrebatos melancólicos, pero estos hallazgos entre páginas de libros me ponen de buen humor, quizá porque en el haber tengo muchas más ganancias que pérdidas y mi cabeza bulle con planes inquietos. Al cabo y al fin... yo, como canta el siempre inmenso Raphael, sigo siendo aquella. La que fui, pero mejorada.

1 comentario:

  1. Según la enciclopedia libre (wikipedia), la nostalgia (griego clásico νόστος «regreso» y ἄλγος «dolor») es descrita como un sentimiento o necesidad de anhelo por un momento, situación o acontecimiento pasado, a lo que añado: sentimiento encontrado sin buscarlo con un pasado que fue y que produce cierto regustillo al saber lo que fue en un pasado bonito o no, pero muy propio. Besitosssssssssssss guapi, te llamo pronto.

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