sábado, 5 de septiembre de 2015

Viaje a Cerdeña (II): travesía a Bonifacio, Palau, Gigantes de Arzachena, Golfo Aranci, Olbia

(Parte I del viaje a Cerdeña: Cagliari, Su Nuraxi, Santa Cristina)

El viernes, 24 de julio, después de desayunar salimos de Olbia en coche rumbo al norte, hasta Santa Teresa se Gallura, en cuyo puerto cogimos el ferry que va a Bonifacio (en la isla vecina de Córcega).

Ferry a su llegada a la costa de Bonifacio (Córcega). 
Desde el norte de Cerdeña al sur de Córcega hay apenas una hora de travesía en barco, así que la tentación de pasar un día en la isla francesa era irresistible. Era nuestro tercer viaje a Córcega y a Bonifacio, pero esta vez llegábamos por mar. La subida desde el puerto a la ciudad amurallada la hicimos andando a pleno sol, y fuimos directamente al restaurante U Castillecuya comida y preciosas vistas sobre los acantilados y las Bocas de Bonifacio son espectaculares.

Vista de las Bocas de Bonifacio desde la terraza
del restaurante U Castille.
Cada vez que hemos ido a Córcega hemos visitado Bonifacio y comido en este pequeño local, en el que mi compañero y yo tenemos una de las anécdotas más divertidas y a la vez entrañables de nuestros viajes, protagonizada por una pareja de chicos muy singular. Las cuatro mesas de la terraza estaban ocupadas, por supuesto, pero nos dieron una con buenas vistas.

Raviolis con marisco y dúo de gambas
(restaurante U Castille, Bonifacio).
En U Castille comimos un plato que llaman dúo de gambas (grandes gambones) y raviolis con marisco y vino blanco corso Andriella. De postre, queso con mermelada de higos. La cuenta rozó los cien euros. Cuando terminamos de comer eran más de las cuatro y media de la tarde, los turistas empezaban a abandonar la parte alta de Bonifacio, y pudimos pasear a gusto por la muralla frente al mar y hasta comprar algunos regalos en la tienda de un artesano que convierte las conchas marinas en pendientes, pulseras y piezas decorativas.

Casa de Bonifacio donde Carlos V pasó
 tres noches, 3-6 de octubre de 1541.
Muy cerca, descubrimos dos edificios, uno frente al otro, con connotaciones históricas: en uno vivió Napoleón (del 22 de enero al 3 de marzo de 1795) y en otro pernoctó el emperador Carlos V del 3 al 6 de octubre de 1541.

Nuestro día en Bonifacio, en Córcega y en Francia llegó a su fin. A las seis y media de la tarde cogimos el ferry de regreso a Cerdeña, y nada más desembarcar en Santa Teresa de Gallura recogimos el coche del párking y enfilamos hacia Palau. Allí, tras un ligero paseo por el corazón en fiestas de la ciudad, cenamos pizza en una terraza muy populosa y compartimos un carpaccio de pulpo. Palau es una ciudad costera animada, con un turismo familiar, que en verano se llena de gente que va y viene a la vecina isla de la Maddalena. Por la noche, junto al puerto se despliegan puestos de artesanía realmente bonitos, de los que me traje dos monederos de piel labrada. Esa noche aún nos faltaban por hacer los cuarenta kilómetros de distancia entre Palau y Olbia. A esas horas y sin apenas luna, la carretera parecía más una sucesión de curvas asfaltadas que una carretera. Tardamos casi una hora en llegar a Olbia, y fuimos directos al hotel Demar

Tumba de gigantes de Li Lolghi (1200 a.C.)
Al día siguiente, sábado 25 de julio, tocaba visitar más restos de la civilización nurágica (1700 a.C.), en concreto, las tumbas de los gigantes de Arzachena, la más famosa de las cuales es Coddu Vecchiu (desde 1700 a.C.) a la que se llega por una carretera bien señalizada y sin baches relevantes. También nos gustó mucho la necrópolis megalítica de Li Muri (4000 a.C), con cuatro cementerios redondos en forma de discos concéntricos. Por último, visitamos la tumba de gigantes de Li Lolghi (1200 a.C.) más modesta que la de Coddu Vecchiu. Los tres sitios arqueológicos están próximos entre sí, y se recorren en poco más de hora y media, con un billete conjunto de 7,5 euros. Los tres ofrecen información en español, en folletos que hay que devolver al terminar la visita.

Costa Esmeralda, hacia Golfo Aranci (Cerdeña).
La siguiente parada programada de ese día era el lujoso y renombrado Porto Cervo, cuajado de yates enormes cuyas cubiertas, mástiles y velas proclaman “mi dueño o el que me alquila es asquerosamente rico”. Me pareció un bluff de sitio, el ambiente que resulta si se mezcla Puerto Marina (Benalmádena), Marbella y un  lujoso centro comercial. Nuestra idea era comer en Porto Cervo, pero cambiamos de planes rápidamente. Mientras tomábamos una cerveza negra Guinness a pie de puerto (en Nelson), escogimos una nueva ruta.

Playa en Costa Aranci, a los pies
del restaurante Spigola (Cerdeña).
Llegamos a Golfo Aranci bien pasadas las tres de la tarde. En la guía Lonely Planet recomendaban el restaurante Spigolaen la playa, y allí comimos (muy bien), en el interior, en una mesa con ventanales abiertos al mar. Mejillones a la marinera, espaguetis con almejas y frégola con almejas, vino blanco, tiramisú y café. Todo por 64 euros. Después de la comida, un chapuzón en la playa a los pies del restaurante nos despejó y revitalizó.


Corso Umberto I, la vía peatonal más famosa
y el mejor escaparate de Olbia (Cerdeña).
Por la noche, ya de regreso en Olbia, dimos una larga caminata por el paseo marítimo y buscamos un par de restos arqueológicos que el plano señalaba en el centro de la ciudad. Olbia es lo suficientemente grande para tener varias zonas de ambientes diferenciados, y lo bastante pequeña para recorrerla a pie, sin prisas, contemplando las bonitas fachadas señoriales, los modernos escaparates, los amplios jardines que se adivinan tras altas tapias encaladas…. Nos despedimos de Olbia en el bar-restaurante de la primera noche: In Vino Veritas, y después compramos chucherías en un puesto artesanal de la calle, tomamos helado y paseamos otro rato. La temperatura esa noche era ideal, olía a verano y a mar, soplaba una brisa ligera, todo a nuestro alrededor estaba en paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario