sábado, 26 de septiembre de 2015

Las desdichadas vidas de las Brontë y su hermano Patrick

(Más sobre las hermanas Brontë  y sobre Emily Brontë)

Hay algo de conmovedor en el retrato de una persona real famosa fallecida a la que admiramos, sobre todo si su vida y muerte se produjeron cientos de años antes de que la conociéramos. Es lo que me sucede cuando entro en museos, visito casas o camino por cementerios ligados a escritoras que han marcado mi propia existencia.

Las hermanas Brontë (retratos de Patrick Branwell
 Brontë), en la National Portrait Gallery de Londres.
En la National Portrait Gallery de Londres hay decenas de estos retratos, frente a los cuales pasé incontables horas durante los seis meses que viví en la ciudad del Támesis, en el año 2010. En la sala 24 de la Portrait cuelgan dos retratos de las hermanas Brontë, pintados por su hermano Patrick Branwell Brontë (1817-1848). Uno de los lienzos, ajado y a todas luces imperfecto, muestra a las tres escritoras, Anne (1820-1849), Charlotte (1816-1855) y Emily (1818-1848), alrededor de 1834.

Autorretrato de Patrick Branwell
Brontë a la edad de 23 años.
De Patrick Branwell Brontë se sabe poco. Fue pintor y poeta, el único hijo varón de la familia, y si su nombre se recuerda hoy es por los retratos de sus hermanas. En 1838 Patrick se estableció como retratista profesional y abrió su propio estudio en Bradford, pero nunca logró vivir de su arte y tuvo que trabajar como tutor y en otros empleos de los que acabó siendo despedido. Murió de tuberculosis a los 31 años. Eso es lo que dice la escueta biografía oficial que como pintor le dedica el museo. Ahora bien, mucho más sobre su carácter puede intuirse al observar la pintura de sus hermanas en la sala 24 de la National Portrait Gallery.

Las hermanas Brontë (detalle), con rastros del
eliminado autorretrato de Patrick Brontë.
La extensa mancha blanca entre Charlotte y Emily es lo que queda del autorretrato de Patrick, que primero se pintó a sí mismo y luego se borró y trató de reemplazarse colocando una columna sobre su persona. El mal estado del cuadro se debe a que durante años estuvo doblado como una simple tela y metido en un altillo, de donde lo rescató en 1914 la segunda esposa del marido de Charlotte Brontë. Las cicatrices visibles en el retrato de las Brontë son como un trasunto de sus vidas cortas y desgraciadas, no sólo por la penuria económica, sino por la mala salud: Anne murió con veintinueve años, Emily falleció a los treinta y Charlotte no cumplió cuarenta. Las tres fallecieron de tuberculosis, como su hermano. Las tres eran sumamente creativas desde pequeñas, cuando se inventaron dos mundos a los que llamaron Gondal y Angria, sobre los que escribían. Su hermano Patrick, en cambio, era débil, un artista fracasado, alcohólico, al que Emily cuidó hasta el fin. Pero sin él, sin esos retratos, hoy no conoceríamos el aspecto de las escritoras, su forma de peinarse, sus ojos o el tono de su piel.

Emily Brontë a los quince años
(Retrato de Patrick Branwell
Brontë hacia 1833).
La desgracia y hasta el destino trágico, tal y como lo entendían los griegos, unió a Patrick y a Emily, ya que él murió en septiembre de 1848 y ella falleció tres meses después, debido a una tuberculosis por el resfriado que contrajo en el entierro de su hermano. Por eso me conmueve tanto contemplar el retrato que Patrick hizo de Emily en 1833, y que también se exhibe en la sala 24 del museo londinense. Se trata de un pequeño óleo que muestra a Emily de perfil, sus pálidos hombros al descubierto, con toda la lozanía de sus quince años. Me apena saber que cuando ella posaba para los pinceles de su hermano ya había vivido la mitad de su vida. A esa edad, sus quince años, Emily había escrito numerosas poesías que mantuvo en secreto, y apenas dos años antes de morir, en 1846, pudo publicar Cumbres borrascosas, su única novela, hoy tenida por un clásico de la literatura inglesa.

Autocaricatura de Patrick Branwell Brontë
esperando a la muerte.
Esta Emily de quince años estaría lejos de sospechar que pasaría sus últimos años en la casa familiar de Haworth (condado de Yorkshire), cuidando a su hermano, tratando de alejarlo de la bebida y del opio, esperándolo despierta hasta la madrugada. La Emily de quince años no sabía que tendría que vigilar a un Patrick ebrio, soportar su desvarío y ayudarlo a acostarse, noche tras noche. Pero, cosas del destino, durante esas vigilias Emily escribió impactantes páginas de Cumbres borrascosas, el libro que la hizo inmortal.

Placa funeraria de Emily y Charlotte
Brontë en la casa-museo de Haworth.
Toda esa desdicha no se ve en los retratos de las Brontë que se exhiben en la National Portrait Gallery, pero después de contemplarlos y de releer sobre ellas y su obra literaria, es imposible dejar de preguntarse cómo encaraban la cotidianidad, qué rituales seguían frente al papel en blanco, qué las hacía dichosas o qué las sumía en la desgracia. Y es gracias a los pinceles de un mal pintor, su hermano Patrick, por lo que hoy ellas nos parecen cercanas, humanas hasta la médula, y podemos intuir el carácter firme y sobrio de Anne (la menor de las tres), el nostálgico romanticismo de Charlotte (la única que se casó) y el tormentoso sentimiento trágico del amor de Emily.

Las hermanas Bronte fueron en realidad cinco, siendo las vidas de las desconocidas María (la mayor, 1814-1825) y Elizabeth (la menor, 1815-1825) aún más desgraciadas, puesto que murieron siendo unas niñas. Una desgracia de la que no se salvó la madre de las escritoras, María Brontë, muerta en 1821, cuando tenía treinta y ocho años, ni tampoco el padre, el reverendo Patrick Brontë, que falleció en 1861, a la edad de 84 años, después de haber visto morir a toda su familia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario