miércoles, 5 de agosto de 2015

El dolmen más grande y solitario del Mediterráneo

(Otros dólmenes mediterráneos: Menga, Viera y El Romeral)

Está en Cerdeña, cerca de la ciudad de Mores, y se llama Sa Covaccada. Es un dolmen majestuoso, una tumba del período megalítico que lleva en pie desde el tercer milenio antes de Jesucristo y que los hombres y mujeres del siglo XXI pueden visitar gratis, eso sí, después de una expedición en coche que pone a prueba la paciencia del conductor más sosegado y los neumáticos de los sufridos vehículos (el nuestro era de alquiler) que surcan esta isla mediterránea.

Dolmen Sa Covaccada, tercer
milenio a.C. (Mores, Cerdeña).
La excursión a Sa Covaccada merece la pena, pero hay que saber de antemano que el megalito está en restauración, rodeado de andamios, y es imposible contemplar en toda su plenitud las tres enormes losas de piedra y la cuarta, que lo cubre a modo de techo y pesa 18 toneladas.

El dolmen mide casi tres metros de alto, cinco de largo y 2,5 de ancho. Los expertos afirman que es el más grande del Mediterráneo, y yo añadiría que también es el más solitario. La imponente formación pétrea se halla en mitad del campo y dar con ella no es fácil ni tampoco rápido, pese a que desde la ciudad de Mores hay varias señales en la carretera que señalan cómo llegar hasta el dolmen.


Agujero en la carretera
hacia el dolmen Sa Covaccada
(Mores, Cerdeña).
Desde Mores hay que recorrer un kilómetro en la carretera hacia Ozieri y después tomar el desvío hacia Bono que sale a la derecha. Al cabo de 6,2 kilómetros de una más que aceptable vía aparece, también a la derecha, una carretera estrecha y llena de baches por la que el buen juicio aconseja no circular a más de 30 kilómetros por hora.

A la vista del precario estado de la vía, podría parecer que el dolmen está a punto de aparecer en la siguiente vuelta del camino, pero nada más lejos de la realidad. Aún hay que sufrir otros 3,2 kilómetros de agujeros en el suelo, badenes y resaltos, temiendo que una rueda se pinche o que los bajos del coche rocen con algún saliente del camino, hasta que el viajero se tope con un camino por el que sólo deben pasar las cabras y los entusiastas cazadores de dólmenes, como nosotros.

Verja a la entrada del dolmen Sa Covaccada
(Mores, Cerdeña).
Finalmente, el camino desemboca en dos vallas con sendos carteles que anuncian que, a partir de ahí, todavía faltan unos doscientos metros que hay que recorrer a pie. Para nuestra sorpresa, las susodichas vallas, ¡las dos!, estaban cerradas y atadas con una endeble cuerda que, ni que decir tiene, desanudamos sin perder ni un segundo. Tras la paliza de coche, del calor y de la soledad de la ruta no pensábamos irnos sin ver de cerca el dolmen.

Monte bajo rumbo hacia Sa Covaccada (Cerdeña).
Ignoro si el recinto estaba cerrado por ser mediodía o por las obras de restauración, el caso es que no había signo de obreros trabajando por allí, ni máquinas sellando o removiendo las piedras. Sólo el canto de las cigarras y la soledad del camino.Tanto a la ida como la vuelta, hicimos todo el trayecto solos, sin cruzarnos con ningún otro coche. Y menos mal, porque en la mayor parte del recorrido apenas hay holgura como para que se crucen dos automóviles de tamaño mediano.


Toros y vacas dormitan en el camino
hacia el dolmen de Sa Covaccada.
Los únicos seres vivos con los que nos topamos fueron varios toros y vaca que dormitaban al sol en un cercado vecino y dos caballos que pastaban en una vereda a lo lejos. El resto era silencio y soledad, como se supone que debió ser allá por los años finales del tercer milenio antes de Cristo, cuando los hombres del Neolítico enterraban a sus muertos en el dolmen de Sa Covaccada.



2 comentarios:

  1. Sí, toda Cerdeña está plagada de yacimientos prehistóricos, además de romanos, claro...

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