martes, 21 de abril de 2015

La araña, la doncella y Orfeo en la Fundación Mapfre

(Más sobre pintores del XIX y la obra de la naif Seraphine Louis)

Quedan trece días para ver la exposición El canto del cisnegratuita en la Fundación Mapfre, con una selección de más de ochenta pinturas académicas francesas de la segunda mitad del siglo XIX. Estarán en Madrid hasta el 3 de mayo, luego volverán al Museo de Orsay de París.

Visité la exposición el pasado fin de semana, y no me impactaron tanto los cuadros de artistas más conocidos (Ingres, Gérôme o Cabanel), o los de otros pintores que he visto últimamente (Alma-Tadema, Gustave Moreau o Puvis de Chavannes), sino pinturas y nombres de los que poco sabía. Eso sí, el primer óleo con el que se recrea la vista al entrar, El manantial (1856), de Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867), es magnífico: una venus de rostro y cuerpo casi adolescentes, con el brazo derecho alrededor de la cabeza sostiene un jarrón del que vierte agua de manantial.

'La araña', de Léon Comerre (1850-1916).
Me gustó mucho La araña, de Léon Comerre (1850-1916), un artista famoso por sus retratos de bellas mujeres. Es una obra abiertamente devota del esplendor femenino pero cargada de irónica malicia, con esa joven que se despereza en el centro de la composición y que intuimos está esperando a que su presa quede enredada en la tela. La araña reúne dos características claves de la pintura academicista francesa: refinamiento y desnudo. 

'La doncella', de Frank Craig (1874-1918).
Muy distinta, pero igualmente turbadora, es La doncella (1907), de Frank Craig (1874-1918), donde una Juana de Arco doncella comanda un ejército de lanzas rojas como la sangre, en una batalla que parece a punto de perder. Es un buen ejemplo del modelo clasicista de pinturas históricas, con tintes incluso religiosos. 

'Vencido', de George Hitchcock (1850-1913).
Me pareció conmovedor y de una belleza casi fatal el cuadro Vencido, de George Hitchcock (1850-1913), donde la derrota del caballero que se retira dando la espalda al espectador se ve sobredimensionada por el delicado manto cromático de tulipanes y jacintos alineados al sol. Hitchcock es famoso por pintar de forma repetida, como un elemento fetiche de su obra, los campos de tulipanes.

'Los cantos de la noche', de Alphonse Osbert (1857-1939).
Del simbolista Alphonse Osbert (1857-1939) me fascinó Los cantos de la noche (1896). Un paisaje nocturno, iluminado de forma difusa por la luna, en una bruma azulada. Personajes de contornos imprecisos, fantasmagóricos, donde el artista expresa una visión metafísica. Osbert defendía la idea de restablecer la armonía entre el hombre y la naturaleza, reconciliar apariencia y espíritu, en una sociedad moderna que no se basara sólo en el progreso técnico y económico.

'El lamento de Orfeo', de Alexandre Séon (1855-1917).
Muy moderno me pareció El lamento de Orfeo (1896), de Alexandre Séon (1855-1917), una alegoría de la pérdida por no ser capaz de resistirse a la tentación. En este cuadro vemos a Orfeo junto a su lira, de vuelta de los infiernos tras fracasar en el rescate de su amada Eurídice. Está sobre la arena de una playa desolada, en medio de un paisaje devastado, vacío de vegetación, fuera del tiempo y del espacio.

'Expulsión del paraíso', de Franz von Stuck (1863-1928). 
También de pérdida y ceder a la tentación habla Franz von Stuck (1863-1928) en La expulsión del paraíso (hacia 1890), obra deudora de la mitología y cargada de simbología. Un ángel implacable expele a los proscritos Adán y Eva, culpables de comer del Árbol del Paraíso. El pecado, tan recurrente en la obra de Stuck, y su más cruel consecuencia.

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