sábado, 14 de marzo de 2015

Viaje a Chipre (I): arqueología en Limasol, Pafos y Kourion


El martes, 27 de enero de 2015, aterricé en el aeropuerto chipriota de Larnaca, donde mi compañero de fatigas y yo recogimos un Ford Fiesta rojo, con volante a la derecha ya que en Chipre, antigua colonia inglesa, se conduce por la izquierda. Ese primer día de vacaciones me conformé con llegar sana y salva a Limasol, al hotel Mediterranean, a la orilla del mar, y cenar al atardecer en el viejo puerto.

Mosaicos de la casa de Dionisos en Pafos (Chipre).
El miércoles, día 28, visitamos Pafos (patrimonio de la Humanidad). Primero el recinto arqueológico frente al mar, y sobre todo la Casa de los Mosaicos (siglo II d.C.), llamada también de Dionisos porque el dios griego de la embriaguez aparece en varios. Decir que los mosaicos son hermosos es quedarse corto; son espectaculares, no sólo por lo bien conservados que están más de dieciocho siglos después de realizados, sino por la gran cantidad de suelo cubierto y la variedad de motivos. Me gustaron mucho el de Fedra y las escenas de caza con perros y figuras.

Placa conmemorativa del rey danés Eric I en la
iglesia de Panagia Chrysopolitissa (Pafos, Chipre).
Hacía calor y soplaba la brisa cuando dejamos atrás el recinto de Kato Pafos para  ir caminando a la iglesia Panagia Chrysopolitissa (siglo XIII), donde se conserva el supuesto Pilar de San Pablo, donde el apóstol habría recibido 40 latigazos. Además, una placa recuerda al rey danés Eric I, que murió en Pafos cuando iba a las Cruzadas. La pasarela elevada conduce hasta la iglesia en una visita que discurre entre columnas rotas y restos de capiteles. El interior del pequeño templo, de piedra, está aromatizado por el incienso y la luz de las velas.

Tumbas de los Reyes
(Pafos, Chipre).
Hay que coger el coche para llegar hasta las Tumbas de los Reyes (siglo IV a.C..), así llamadas por su majestuosidad. Siete han sido excavadas. Las más singulares son la número tres y la octava, ambas subterráneas con atrio, columnata y algunas columnas dóricas. En realidad, allí nunca se enterraron reyes, sino griegos pudientes y, al correr los siglos, también romanos.

Dejamos Pafos, sin haber comido, y nos desplazamos hasta la Roca de Afrodita, pensando hallar una playa con algún tipo de chiringuito. Pero nada de eso, en los alrededores de la roca donde se supone que nació la diosa griega de la belleza y el amor sólo hay una tiendecita con bebidas y algo de picar, más souvenirs baratos. En Chipre, en invierno, anochece a las cinco de la tarde, ese día el cielo amenazaba lluvia y apenas había una docena de personas en la mínima playa de guijarros, mirando el promontorio rocoso a la orilla del agua.

Regresamos a Limasol, con parada en la zona del puerto viejo, sobre las seis de la tarde y cenamos en la terraza cubierta Castello. Yo un sándwich gigante en pan de pita y mi compañero unos langostinos, con cerveza chipriota. Todo muy bueno por 35 euros. ¡Insuperable!

Templo de Apolo Hylates
(Kourion, Chipre).
Al día siguiente, jueves 29 de enero, hacía mucho sol y calor cuando llegamos al templo grecolatino de Apolo Hylates (contiguo a la zona arqueológica de Kourion), que estuvo en uso como lugar de culto desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo IV d.C.. En mitad del monte y muy sencillo, entre campos de olivos, el recinto conserva un ágora romana, restos de tiendas, dormitorios y casas de baños. Recorrimos el sitio arqueológico casi solos, brincando entre piedras milenarias y restos de construcciones, rodeados de árboles y sintiendo la brisa del cercano mar.

Después bajamos en coche un par de kilómetros, hasta donde se halla la antigua Kourion, de espectaculares restos helenísticos y romanos. No tanto la Casa de Eustolios de la entrada, ni siquiera el impresionante y reconstruido teatro romano, donde se celebran conciertos y se representan obras de Shakespeare, sino la parte más alta del sitio arqueológico, donde se encuentran los restos de la majestuosa Basílica Paleocristiana. El panorama desde aquí es embriagador como una dulce promesa, con su vista sobre el mar azul y los acantilados, amén de los campos verdes de regadío que llegan justo a la orilla del agua.


Sitio arqueológico de Kourion, junto al mar (Chipre).
Hay una columna con bello capitel detrás de la cual se obtiene un encuadre perfecto para las fotos. Por un instante me parece estar en las Bocas de Bonifacio (Córcega). Algo más al norte, monte arriba, están la Casa de Aquiles (siglo IV d.C.) y la Mansión de los Gladiadores (siglo III d.C.), llamadas así por sus mosaicos.

Un aficionado volaba en parapente cuando cogimos el coche para bajar a la orilla del mar. Había tres bares abiertos y muy pocos coches, ya que los turistas que visitaban el recinto arqueológico habían desaparecido. Decidimos comer en uno de los restaurantes, en el interior ya que el sol pegaba con fuerza y las mesas de la terraza al borde del agua no tenían sombrillas.


Comida en una taberna (Playa de Kourion, Chipre).
Nos sorprende la copiosa comida y el buen precio. Tatziki, ensalada, pasta de queso feta picante, mejillones, Afelia (guiso de cerdo al vino tinto y semillas de cilantro), media botella de vino blanco, un tercio de cerveza Keo, helado y frappé por 55 euros. Nos regalamos el tiempo necesario para disfrutar de la comida, de la bebida, de la quietud de ese restaurante donde sólo había parroquianos y donde la hija pequeña del dueño hacía los deberes sentada en una mesa contigua. Y todo ello, al arrullo de las olas que se batían casi, casi, a nuestros pies. 

Ese fue el motivo de que, dos horas después, nos encontráramos cerrado el museo de Kourion, en el vecino pueblo de Kolossi. Al menos en invierno, el museo cierra a las 15:30 horas, así que regresamos a Limasol, directos al hotel, donde disfrutamos de unos cócteles en la happy hour y, en mi caso, de la lectura de After Dark, la novela de Haruki Murakami.

Continúa la ruta en Viaje a Chipre (II): Choirokoitia, Lefkara y las dos Nicosias

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