lunes, 5 de enero de 2015

2015, un año para desvelar el misterio de Amphipolis

(Más sobre Alejandro Magno y sobre Grecia)
 
Cariátide este de la tumba
de Amphipolis
.
El misterio, la especulación y la leyenda rodean el hallazgo de la tumba macedonia de Amphipolis, la mayor descubierta nunca en Grecia. Los arqueólogos aún no han podido concluir quién ocupó este fastuoso sepulcro, que data de la época de Alejandro Magno, alrededor del siglo IV a.C. pero dan por cierto que fue alguien de alto linaje y posiblemente ligado al caudillo macedonio. Aunque no se atreven a lanzar las campanas al vuelo, los expertos creen que a lo largo de este año podrá establecerse con bastante certeza a quién pertenece la tumba. El esqueleto del difunto ya se ha desenterrado: unos huesos hallados en la tercera cámara del túmulo, en lo que un día debió ser un ataúd de madera, colocado a su vez en una cámara mortuoria interior, de 2,35 metros de largo y 0,54 de ancho.


Descubrimiento de la entrada a la tumba de
Amphipolis, custodiada por dos esfinges.
Existen al menos catorce teorías sobre quién fue enterrado allí. Unos afirman que se trata de Roxana (341-309 a.C.), la esposa persa de Alejandro, asesinada en Amphipolis junto a su hijo y heredero Alejandro IV. Pero los expertos dudan de esta versión, ya que era infrecuente que la tumba de una mujer tuviese a la entrada leones o esfinges. Otros aventuran que el sepulcro pertenece a Olimpia (375-315 a.C.), la madre de Alejandro, y hay quien piensa que el imponente túmulo se construyó para guardar los despojos de Nearco, jefe de flota y uno de los generales del rey macedonio.

Cabeza de la esfinge derecha que
guarda la tumba de Amphipolis.
Las probabilidades de que la tumba de Amphipolis pertenezca a Alejandro Magno (356-323 a.C.) son prácticamente nulas, ya que tras su muerte en Babilonia, poco antes de llegar a cumplir los 33 años, el gran rey macedonio fue trasladado para ser inhumado en Alejandría (Egipto), aunque es verdad que hasta la fecha allí tampoco se han encontrado los restos que lo confirmen de una forma rotunda. Con todo, y casi descartada su ligazón con Alejandro, el sepulcro que ahora se investiga en Amphipolis es espectacular y se compone de al menos cuatro salas.

Cuerpo de la esfinge derecha que vigila
la entrada a la tumba de Amphipolis. 

La entrada está flanqueada por dos soberbias esfinges de mármol, con las cabezas y alas destruidas, de dos metros de altura y tonelada y medio de peso cada una. También se han descubierto un bello suelo de mosaico, dos capiteles de columnas esculpidos y que presentan restos de policromía; así como dos majestuosas cariátides de más de dos metros de altura, guardianas hieráticas de una de las salas.


Reconstrucción de las esfinges en la
entrada a la tumba de Amphipolis.
Si bien las excavaciones en Amphipolis comenzaron en 2010, son muchos los interrogantes que todavía plantea. Con la identidad de su morador pueden surgir nuevas incógnitas, cerrarse misterios antiguos o alimentar aún más el debate. Lo cierto es que la polémica está servida, pues el Estado griego ya se ha gastado 440.000 euros en las excavaciones, más 150.000 euros que ha aportado un banco heleno y otros 60.000 euros invertidos desde empresas públicas griegas.

Muchas críticas por el elevado coste de los trabajos arqueológicos, habida cuenta de la profunda crisis económica que sufre el país. Pero el de Amphipolis es un filón artístico, cultural y turístico que el Gobierno heleno no puede desaprovechar, ni quiere compartir con la iniciativa privada. Ya se sabe lo que hicieron Lord Elgin e Inglaterra con los mármoles del Partenón.


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