viernes, 7 de noviembre de 2014

La máscara de Ulises en Ítaca: tras las huellas del mito


En septiembre de 2012 pasé diez días de vacaciones en la isla griega de Cefalonia, que elegí por ser la más próxima a Ítaca. Desde mis tiempos del instituto ansiaba viajar a la patria del rey Odiseo, o como le llamaban los latinos, Ulises, cuyas andanzas narró Homero (siglo VIII a.C.) en el poema épico La Odisea.

La isla de Ítaca vista desde el pueblo de Fiskardo
 (isla de Cefalonia, Grecia).
Llegar a Cefalonia (en avión desde Atenas) fue fácil, pero una vez allí tuve que vencer la maldición de Ulises, y si el héroe griego tardó diez años en poder volver a Ítaca tras guerrear en Troya, a mí me costó tres intentos pisar la tierra donde Penélope se cansó de tejer y destejer mientras esperaba el regreso de su marido. La primera vez tratamos de cruzar a Ítaca desde el pueblecito cefalonio de Hagia Efimia, en un barco turístico, que resultó estar completo; la segunda vez nos decidimos por el ferry desde Sami, que esa mañana no zarpó por mal tiempo; y la tercera vez, asimismo desde Sami y en el ferry, embarcamos con nuestro coche de alquiler.

Cielos encapotados sobre Ítaca.
Ese día también llovía y soplaba un viento malcarado sobre el encrespado mar. Mi compañero se pasó los 45 minutos de la travesía bromeando con que nosotros, al contrario que Ulises, no llegaríamos a Ítaca. Pero sí llegamos, claro. Al puerto de Pisso Aetos, minúsculo, donde apenas hay un quiosco-bar y una marquesina bajo la cual resguardarse (del frío o del calor, según se tercie) mientras se espera el ferry. Desde Pisso Aetos se toma la única carretera que recorre la isla de Ítaca y, por tanto, serpentea por los apenas 30 kilómetros de distancia entre sus puntos más lejanos. La carretera, trazada al capricho de la orografía, sube y baja por riscos y acantilados hasta desembocar en cada uno de los catorce pueblos que hay desperdigados por la isla.

Busto de Ulises en Stavros (Ítaca, Grecia).
En Ítaca es imposible separar historia y leyenda. Homero relata que Ulises vivía allí muy feliz, junto a su esposa Penélope y su hijo Telémaco, hasta que tuvo que marcharse a luchar en Troya. Lo cierto es que, pese a que Homero describe en La Odisea más de 25 lugares exactos de Ítaca, ni los arqueólogos ni los historiadores los han localizado. De hecho, recientes excavaciones ubican el palacio de Ulises en Exoghi, aunque los eruditos ni siquiera se ponen de acuerdo en si Homero existió siquiera, o si sólo fue un contador de historias que compuso y juntó fragmentos de poesía oral en dos inmensos poemas, La Odisea y La Ilíada, que son las dos primeras obras de la épica griega (y, por tanto, de la literatura occidental).

En mi visita a Ítaca, que duró unas siete horas, recorrí el pintoresco Kioni y su marina, donde anclan lujosos yates; la apacible villa marinera de Frikés; y la capital de la isla, Vathi. Pero en ninguno de esos sitios encontré huellas de Ulises, ni de su aedo, Homero, salvo por los letreros de las tabernas o los reclamos de las tiendas de souvenirs. Hasta que llegamos a Stavros.

Maqueta con los viajes de Ulises según narra
Homero (Stavros, Ítaca, Grecia).
En la plaza de Stavros, una gran maqueta muestra los viajes de Ulises por el Mediterráneo, y justo al lado un busto del heroico rey griego ve pasar a los turistas en su infructuosa búsqueda del mito. Lo más cerca que nosotros estuvimos fue en el Museo Arqueológico de Stavros, tan pequeño y modesto que pasa fácilmente desapercibido, pero donde se guardan objetos desenterrados en el norte de la isla, con una antigüedad fechada desde el período pre-helénico hasta el Imperio Romano.

Fragmento de la máscara con inscripción
dedicada a Ulises (Stavros, Ítaca).
La mayoría de las piezas del museo de Stavros se encontraron en la cueva de Loizos, que fue un gran lugar de culto a los dioses desde la Antigüedad hasta el siglo I d.C. En ella se descubrieron numerosos objetos, desde cerámica a instrumentos de uso diario y amuletos ofrendados a los dioses, las ninfas y también a Odiseo.

'Dedicado a Ulises' (inscripción en
una máscara hallada en Loizos, Ítaca).

Una de las piezas más importantes desenterradas en Loizos, y que pueden verse en el minúsculo museo de Stavros, es un fragmento de una máscara femenina hecha de arcilla y grabada con las palabras ΕΓΧΗΝ ΟΔΥΣΣΕΙ (Dedicado a Ulises). Este trozo de piedra, que los arqueólogos fechan entre los siglos II y I d.C., es la única pieza encontrada en Ítaca que hace referencia al rey griego, y que probaría, según algunos investigadores, que Odiseo-Ulises existió en realidad (en torno al siglo XIII a.C.), que reinó en Ítaca y generó un culto que se perpetuó muchos siglos después de su muerte.

Las excavaciones arqueológicas continúan en la isla, y quién sabe si, uno de estos días, en el recinto que se supone fue el palacio de Ulises, o en otro promontorio, risco o cueva de Ítaca, aparecerán pruebas irrefutables de que el mito homérico fue de carne y hueso. 

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