miércoles, 10 de septiembre de 2014

Viaje Francia(III) Rocamadour, Auvernia, Bourbon, Moulins


Caía una fina lluvia cuando despertamos en Ussac. Ese sábado, 5 de julio, tocaba visitar Rocamadour (“nido de águilas” lo llaman en las guías), donde por suerte no llovía. Dejamos el coche en el párking gratuito del castillo, en la parte alta del pueblo, y bajamos a los santuarios en ascensor (4,20 euros), en vez de por la senda de los peregrinos, que es por donde durante siglos han subido y bajado quienes hacen el Camino de Santiago.

Rocamadour (Francia).
Las iglesias de Rocamadour se empezaron a construir en 1152, y la fama del lugar estalló en 1166, cuando se descubrió el cuerpo momificado de uno de los primeros ermitaños, Saint Amadour, lo que prendió la llama del fervor. Aún impresionan la explanada de las iglesias, las fachadas y muros irregulares de los santuarios, excavados en la roca, la basílica de San Salvador y la cripta de San Amadour, la escalera de peregrinos, la Virgen Negra o la talla de Santa Ana. Después cogimos otro ascensor (3 euros) para bajar al pueblo medieval, en realidad una sola calle, estrecha, flanqueada de casas de piedra convertidas en tiendas, restaurantes y cafés.

Panorámica de Rocamadour
desde las murallas del castillo.
Para ser comienzos de julio había muchos turistas, así que no quiero ni pensar el hormiguero que será Rocamadour en pleno agosto. Decidimos comer temprano, en una terraza con impresionantes vistas al barranco, el menú de la casa llamado, ¡cómo no!, “del peregrino”. Sopa de melón y merluza en salsa con pastel de chocolate. En Rocamadour me autoagasajé con un bolso de La Licorne y compré para regalar un tarjetero y detalles para la familia, todo a buen precio pues los comercios estaban de rebajas, quizá porque la pertinaz lluvia y las inusuales bajas temperaturas les aguaban el negocio. A continuación, subimos hasta el castillo (en ascensor) y recorrimos las vertiginosas murallas (2 euros), donde se comprueba por qué Rocamadour es un “nido de águilas”.

Relieves esculpidos, interior de
la abadía de Souillac (Francia).
Media hora de coche después, paramos en la abadía románico-bizantina de Souillac, del siglo XII, con un deslumbrante portal esculpido y un interior majestuoso en el que no hay que perderse, a los lados de la puerta, dos relieves de personajes, en particular, el del profeta Isaías. Después de tomar un café en una plaza peatonal, cogimos de nuevo el coche para ir a Martel, también una ciudad medieval. Estaban en fiestas, de hecho, en la plaza tocaba una orquesta mexicana y había un mercadillo popular. Dimos una vuelta por el centro, visitamos la iglesia y nos sorprendió su portal románico con un singular campanario-porche del siglo XIV. Al atardecer, y en una callejuela a espaldas de la plaza, tomamos una cerveza y una tabla de quesos, que fue nuestra cena.

Basílica de Orcival (Francia).
El domingo, 6 de julio, nos tocaba cambiar de hotel y de región, ya que las próximas dos noches las pasaríamos en la zona de la Auvernia, famosa por el verde único de sus campos y por el paisaje repleto de volcanesLa primera parada del día fue en el pueblo de Orcival y su basílica románica del siglo XIII. Es un edificio impresionante, de grandes puertas de madera que aún conservan sus primitivos herrajes, donde hay que enfocar la vista hacia arriba para no perder detalle de los capiteles carolingios y románicos, ni dejar de admirar la galería de columnas. Aunque me decepcionó la cripta, la iglesia es bonita.

Verdes pastos y vacas en la zona de Auvernia (Francia).
De nuevo en carretera, y antes de llegar al lago Guéry, nos detuvimos unos minutos en un mirador acondicionado para ver dos volcanes. El color verde de los campos, la espesa vegetación y las vacas pastando son vistas características de la Auvernia, salpicada de lagos, como el de Guéry, a cuya orilla hay un albergue-restaurante. Era domingo y los comensales iban muy arreglados, quizá porque el restaurante es algo “puesto”, de aspecto burgués aunque en realidad la decoración recordaba a un cruce de pabellón de caza y estación balnearia familiar. Comimos bien, un menú con ensalada de queso Cantal y pauvé de salmón, acompañado de vino blanco y bizcocho de arándanos. Nuestra camarera debía ser primeriza y cometió varios errores, hasta el punto de que la dueña vino a disculparse. Su principal torpeza fue cargar en la cuenta sólo un menú. No la sacamos de su error y nos pusimos de nuevo en la carretera, sin remordimiento de conciencia.

Dolmen de Saint Nectaire (Francia).
La lluvia, que nos había recibido en París el domingo 29 de junio, se movía con nosotros conforme nos desplazábamos por Francia, así que no nos sorprendió que, al detenernos en Saint Nectaire esa tarde del 6 de julio, ya estuvieran allí las nubes cuajadas de agua. La iglesia románica es magnífica, en particular sus capiteles polícromos. Sin dejar Saint Nectaire, fuimos en coche hasta un dolmen que se alza solitario en mitad del campo. Sólo había una señora paseando a un perro y una pareja que había ido andando y se alejaba del mismo modo. El dolmen es pequeño, pero yo siento predilección por las piedras milenarias, que me encanta tocar, recorrer con las yemas de los dedos, comprobar su calor, la aridez o suavidad de su tacto. Y, si se puede, cobijarme en ellas,

Mansiones del siglo XV (Souvigny, Francia).
Estalló una fuerte tormenta, con rayos incluidos, nada más meternos en el coche, y ya no pararía hasta que llegamos a Souvigny, donde nos esperaba el hotel Les Vieux Murs. Es una mansión en mitad de un parque privado, estilo château, que regenta una pareja y en la que sólo hay cuatro habitaciones. Nos asignaron el cuarto rosa, muy espacioso, con un enorme baño, dos balcones y dos ventanas sobre el parque. La decoración, en tonos rosados y asalmonados, está muy cuidada, y las alfombras, blancas, impolutas. Era casi de noche cuando decidimos acercarnos a la ciudad de Moulins. Pero, antes, los dueños del hotel nos habían preparado un café y un bizcocho casero, que nos sirvieron en el hall. Cuando estábamos a punto de salir llegaron los otros huéspedes, una pareja belga de regreso a su país.

La lluvia seguía cayendo cuando aparcamos en la desierta Moulins, así que el recorrido nocturno previsto se quedó en dos calles antes de refugiarnos en la brasserie Les Ducs, la única de la ciudad con cocina non stop.

Castillo de Bourbon
 l'Archambault (Francia).
A la mañana siguiente, lunes, 7 de julio, fuimos a la ciudad de Bourbon l’Archambault, de cuyo castillo subsisten tres torres cuyo interior se visita: sala de guardia, dormitorio, baño, escudos, cocina, muebles y tejidos originales. Es un recorrido muy didáctico e interesante. Aprovechando que había dejado de llover, nos acercamos al vecino pueblo de Saint Menoux, sin interés salvo por la iglesia, donde se conserva la tumba de Saint Menoux y su célebre obertura, donde metían a los retrasados para curarlos.Con algo de hambre, recorrimos los escasos kilómetros hasta Moulins, pero los horarios estrictos de comidas en una ciudad provinciana hicieron que todo estuviera cerrado, así que nos tuvimos que contentar con unos bocadillos.


Columna del Zodíaco (en
el Museo de Souvigny).
Para esa tarde habíamos programado el Museo de Souvigny, donde destacan la sala lapidaria y, por supuesto, la Columna del Zodíaco. Después visitamos la contigua iglesia cluniacense de San Pedro y san Pablo, que es una maravilla, aunque lo que más nos interesaba ver (la Capilla Vieja y sus tumbas de los duques de Borbón) estaba cerrado por obras. Un tanto decepcionados, tomamos un café en una terraza frente a la iglesia, antes de ir al hotel a cambiarnos y coger el coche para probar suerte, esta vez con la cena, de nuevo en Moulins. Los dueños del hotel nos aconsejaron ir a Le Grand Café, toda una institución en Moulins, y eso hicimos. Allí nos encontramos con la pareja belga, los otros únicos huéspedes de nuestro château Les Vieux Murs.

(Continuará)

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, escribes realmente bien y "metes" al lector en el viaje. Si me permites una leve crítica, suena "demasiado profesional", me explico: falta un poquillo de sentimiento y se echa de menos alguna imagen literaria impactante, algo que choque y sorprenda. Pero vamos, da gusto leerte, en serio!! Allá por Julio dejaste tu enlace en mi blog, y me gustó mucho el nombre del tuyo, así que ahora que he vuelto a escribir y bloguear te devuelvo la visita. Tengo un doble nick, soy "cronista imaginario" y "el sastrecillo valiente", y mi blog es http://misrelatosyesteblog.blogspot.com.es. Se agradecen visitas!!! Un biquiño. Mario.

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  2. Gracias por la crítica. Es cierto que a veces cuesta hallar un equilibrio entre el reportaje y la vivencia personal, sobre todo cuando todos estamos siempre apurados por la falta de tiempo (y, por qué no reconocerlo, a menudo sentimos pudor).
    Me pasaré por tu blog, sin duda
    Gracias de nuevo

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