sábado, 9 de agosto de 2014

Viaje a Francia (I): Poitiers, St. Savin, La Rochelle, Saintes

(Más sobre París aquí y aún más sobre Francia aquí)

Este año disfruté de dos semanas de vacaciones por el centro de Francia, que empezaron el domingo, 29 de junio, en el aeropuerto de Orly (París). Llovía mientras mi compañero de fatigas y yo recogíamos el primer coche de alquiler en Europcar (el mando no funcionaba y las puertas no cerraban) y cambiamos al segundo coche, con el que por fin, sobre las 12.30 horas, partimos hacia Poitiers. Hicimos una parada en Blois (186 kilómetros) para comer, en la terraza Le Marignan, frente al castillo. Ya no llovía, hacía una temperatura agradable y dimos un corto paseo por el centro, donde desplegaba sus puestos el mercadillo dominical.

Iglesia de Nôtre-Dame
La Grande (Poitiers, Francia).
Llegamos a Poitiers (340 kilómetros de París) sobre las 19 horas, en seguida encontramos el hotel Best Western, en el centro peatonal muy cerca del párking del ayuntamiento. Y salimos a reencontrarnos con la capital de la región del Poitou, donde habíamos estado hacía 19 años. Tras un muy agradable paseo por las calles medievales, hasta la iglesia de Nôtre Dame La Grandevolvimos sobre nuestros pasos. Justo al lado del hotel, tomamos un vino de Chinon en un local modernillo y luego cenamos en la Taberna Maître KanterEs una franquicia que hay por toda Francia y siempre es un acierto: platos abundantes y abuso de las salchichas y el choucroute, pero también buenas cazuelas de mejillones y ostras. Y a precios sensatos.
Frescos polícromos de la abadía de Saint Savin
 (Poitou, Francia). Detalle del techo. 
El lunes, 30 de junio, salimos temprano con el coche para visitar la abadía de Saint Savin y la iglesia del antiguo monasterio, famosa por los frescos polícromos. Tanto en las columnas como en los techos, las pinturas relatan historias de la vida de Adán y la creación del hombre, así como escenas del Nuevo Testamento. Espectacular.

Castillo de Angles-sur-l'Anglin (Poitou, Francia).
Comimos una ensalada rápida en una terraza frente a la iglesia. Queríamos ahorrar tiempo porque habíamos decidido desviarnos de la ruta prevista para ir a Angles-sur-l’Anglin y ver el friso prehistórico esculpido de la Roca de los BrujosAlgo así como el Lascaux de la escultura. La mala suerte quiso que lo encontráramos cerrado, pese a que los folletos aseguraban que se podía visitar los lunes. Así que nos contentamos con admirar y fotografiar los restos del castillo y el río.

Otra vez en el coche de regreso a Poitiers, efectuamos una parada en la ciudad de Chauvigny para ver la iglesia románica de San Pedro. En la terraza de al lado nos encontramos con una pareja latinoamericana con la que horas antes habíamos hablado en St. Savin. ¡Qué curioso!, pensé, no suelo encontrarme a nadie cuando viajo (por cerca que vaya), y últimamente me reencuentro con turistas desconocidos en sitios lejanos. Sucedió el verano pasado, en Osaka (Japón), con una pareja canaria; los vimos en el crucero por el río, y horas después, en un restaurante en Dotonbori.
Fachada de la catedral de Poitiers (Francia).
Volviendo a Francia, una vez en Poitiers visitamos el Baptisterio de San Juan, del siglo VII, un edificio pequeño, sencillo, que no se puede fotografiar por dentro y cuya entrada sólo cuesta dos euros. Tiene una pila bautismal de inmersión, altos muros decorados con frescos y fragmentos de capiteles y estelas funerarias por el suelo. Al lado del Baptisterio se alza el Museo de la Santa Cruz, cerrado por ser lunes. Sí estaba abierta la catedral, impresionante con sus tres portales grandiosos, esculpidos, y su interior de tres naves, anchas y despejadas.

Interior de Santa Radegunda
(Poitiers, Francia).
Luego, paseo hasta la iglesia de Santa Radegunda, que se remonta al siglo VI, aunque fue reconstruida en el XIII y la fachada es del XV. Es preciosa, con su cementerio, sus capiteles, sus frescos y la cripta con la tumba de la santa, que data del siglo X. Me emocionó otra tumba, la de Santa Disciole, que fue sobrina del obispo de Albi, San Salvio. Murió joven, siendo monja en la contigua abadía de la Santa Cruz (el actual museo de Poitiers).

Para rematar la tarde dedicada a las iglesias en Poitiers, fuimos a Nôtre-Dame La Granderecientemente restaurada. Esa tarde jugaba (y ganó) la selección de fútbol de Francia, que se clasificó en cuartos de final del Mundial de Brasil. La plaza que rodea la iglesia estaba llena de forofos que no se vieron defraudados.
Tumba de Santa Radegunda
(Poitiers, Francia).
Tras dar varias vueltas, para la cena escogimos La Serrureriesituado en una esquina de la plaza del ayuntamiento de Poitiers. Es un  restaurante moderno, decorado con gusto, con comedor cubierto por una bóveda de cristal transparente. Tomé un delicioso plato Oslo, de ahumados con espuma de wasabi y patatas con mostaza á la ancienne. Lo detallo porque no quiero que se me olvide, ¡estaba tan rico! Nuestro camarero hablaba un perfecto castellano.
El Museo de la Santa Cruz, en Poitiers, fue mi primera parada el martes, 1 de julio. Quería ver el cuadro La muerte de Jacinto, del pintor Jean Broc (1771-1850), pero me llevé una desagradable sorpresa ya que el lienzo acababa de llegar de una exposición internacional y aún no estaba colgado de nuevo en su pared del museo.

La Rochelle (Charente Marítimo, Francia).
A media mañana dejamos atrás Poitiers, camino de Burdeos, donde teníamos reservadas las tres noches de hotel siguientes. Hicimos una parada en La Rochellepequeño y pintoresco puerto en el Atlántico, con sus dos faros de postal, sus torreones y callejuelas plagadas de tiendas. Comimos en el puerto. La amenaza de lluvia fue constante en las tres horas que pasamos en La Rochelle, pero sólo descargó cuando llegamos a la siguiente etapa del camino: Saintes.
Anfiteatro galo-romano de Saintes (Poitou, Francia)
En Saintes es imprescindible efectuar dos visitas a monumentos próximos entre sí: la iglesia de San Eutropio (y la cripta donde están los restos del santo) y el anfiteatro galo-romanodel siglo I d.C., en verdad espectacular. Si queda tiempo, al otro lado de la ciudad se levanta el Arco de Triunfo de Germanicus, al borde del río. Hay varias terrazas con vistas para disfrutar de un apacible atardecer.
Con tanta parada intermedia, llegamos a Burdeos sobre las 21:30 horas, minutos antes de que cerrara la recepción de los apartamentos Citadines Meriadeck. Menos mal, porque nos hacía falta clave de acceso para entrar al hotel y al parking. Eso sí, en cuanto tomamos posesión de la habitación nos lanzamos a la calle. Caminamos los escasos 15 minutos hasta la plaza del Parlamento y cenamos en la terraza de Chez Jean.

(Continuará en Burdeos, Saint Emilion, Bergerac, Lascaux....)

No hay comentarios:

Publicar un comentario