domingo, 27 de julio de 2014

Candados del amor en los puentes de París

(Más sobre París y también algunas otras historias de París)
 
Con el siglo XXI llegó a París, Londres, Roma y Nueva York la moda de los candados del amor, que las parejas cuelgan (por supuesto, cerrados) en las barandillas y rejas de puentes emblemáticos. Normalmente, los candados están grabados o llevan escrito el nombre de los enamorados y la fecha. Al parecer, se trata de una tradición que surgió en el siglo XIX, en la ciudad húngara de Pécs, donde los soldados que se marchaban solían dejar atado como recuerdo el candado del armario de su habitación. También hay quien dice que la moda fue iniciada por el escritor italiano Federico Moccia, con su libro Tengo ganas de ti.
 
Miles de candados cubren varios puentes en París.
Movida por la curiosidad, en mis dos anteriores visitas a París me había acercado al Pont des Arts a fotografiar los candados. De hecho, en septiembre de 2013 fui con dos sobrinos a contemplarlos, y en enero de este año, en un viaje relámpago por motivos de trabajo, regresé sola a observar el avance de la plaga. Pero fue en mi última estancia en París, este mismo mes, cuando comprobé los efectos de esta singular moda. 

Los candados del Pont des Arts (París) son
 ya una atracción turística más de la capital francesa. 
Lo que comenzó como una anécdota pintoresca, se ha convertido, al menos en París, en un hábito que causa furor entre los turistas. Además de hacerse una selfie frente a las atiborradas rejas, muchos depositan sus propios candados, en un gesto que tiene mucho de fetiche. En todo caso, se trata de una moda peligrosa, por el abrumador peso de los candados.
 
El gran peso de los candados es un peligro
para los barcos que navegan por el Sena. 
El pasado mes de junio la alcaldía de París desmontó y retiró 37 rejas del Pont des Arts (frente al Museo del Louvre) y del Pont del’Archevêché (frente a la Catedral de Nôtre-Dame). Cada una pesaba media tonelada. Ahí es nada: quinientos kilos. Ni que decir tiene que cada día aumenta la preocupación, puesto que bajo los puentes de París navegan a diario cientos de barcos atestados de turistas.

Un barco turístico a su paso por Nôtre-Dame.
¿Qué sucedería si una de esas alambradas fuera a caer a las aguas nunca solitarias del río Sena?, peor aún, ¿y si alguna barandilla se derrumbara en el instante preciso en que pasa por debajo uno de los pintorescos bateaux?

 

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