viernes, 23 de mayo de 2014

Jane Austen vs Emily Brontë: duelo en las letras inglesas

(Más sobre Jane Austen y sobre Emily Brontë )

El 27 de febrero pasado se celebró en Londres un peculiar combate, organizado por Intelligence Squared, para decidir quién debía ser coronada como reina de las letras inglesas: Jane Austen o Emily Brontë. Paladines de una y otra, entre ellos, profesores de literatura, críticos y actores, se turnaron para exponer los puntos fuertes y débiles de cada autora, lo que las diferenciaba, las engrandecía y les concedía el don definitivo para alzarse con tan preciado galardón.

Jane Austen (retrato por Cassandra
Austen, National Gallery, Londres).
Los defensores de Jane Austen (1775-1817) argumentaron que ella creó la imagen mítica de la Inglaterra georgiana que ha llegado hasta nuestros días: un paisaje salpicado de mansiones de Palladio y aldeas pintorescas pobladas por atractivos caballeros que hacen la corte a señoritas remilgadas, cuyo ingenio siempre es sofocado por los prejuicios de clase. Según ellos, Austen utiliza de manera magistral la hipocresía y la ironía, que sus personajes siempre intercalan bajo la apariencia de una conversación cortés. Además, a su juicio, con tan sólo leer a Jane Austen se puede entender buena parte de los siglos XVIII y XIX: el poder del dinero y la herencia, los ropajes, la decoración de interiores. De hecho, con sus novelas Orgullo y prejuicio y Sentido y sensibilidad por sí solas se podría escribir una docena de libros de historia.


Emily Brontë (retrato por Patrick
Branwell, National Gallery, Londres).
Por su parte, los defensores acérrimos de Emily Brontë (1818-1848) opinaron que Cumbres borrascosas supera con creces a la mejor novela de Jane Austen, no sólo porque prescinde de sutilezas y ñoñerías y saca al lector de los salones de clase alta para llevarlo hasta los salvajes y desolados páramos de Yorkshire, sino porque la Brontë es maestra en abordar las pasiones. Para ellos, los míticos Heathcliff y Catherine Earnshaw protagonizan una historia única de amor, pasión, celos, odio y locura, que ha atrapado a millones de lectores y telespectadores.

El mejor razonamiento de la jornada fue deslizado a favor de Emily Brontë: cambió lo que una mujer podía escribir y lo que mujeres y hombres podían ser. Pese a ello, la ganadora de tan singular batalla fue Jane Austen, según una encuesta realizada al finalizar el debate, que le otorgó el 51 por ciento de los votos, frente al 47 por ciento conquistado por Emily Brontë.
 
Colin Firth encarnó a M. Darcy en el filme 'Orgullo
y prejuicio', basado en la novela de Jane Austen. 
Quizá ganó Austen porque su Mr. Darcy sigue siendo, doscientos años después de ser creado, el epítome del caballero romántico: firme en sus principios, extremadamente noble en su comportamiento, apegado a la familia y a la mejor tradición, y aun así capaz de darlo todo, serlo todo y arriesgarlo todo... por amor. Características todas ellas que a las mujeres de cualquier generación y época nos siguen encandilando.

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