sábado, 17 de mayo de 2014

Diez años de mi entrevista a Mercedes Salisachs: epílogo

Mercedes Salisachs (1916-2014) murió el día 8 de mayo. Era la escritora en activo de mayor edad, con más de 40 libros publicados, y su fallecimiento era previsible, pues no en vano la autora catalana rozaba el siglo de vida. Tuve ocasión de entrevistarla hace ahora diez años, a finales de junio de 2004, cuando yo todavía trabajaba en La Gaceta de los Negocios, un diario que llevaba años agonizando cuando le dieron la puntilla, el día 26 de diciembre de 2013.

La escritora Mercedes Salisachs, en 2006.
Cuando yo la conocí, Salisachs tenía 87 años y era aún una mujer de gran vigor físico e intelectual. Menuda, acogedora y elegante, perfectamente vestida y maquillada, de manos largas y finas, caminaba con bastón y padecía una sordera que confesaba sin rubor. Pese a los estragos de la edad, se enorgullecía de no haber hecho jamás gimnasia ni deporte, de no beber alcohol ni fumar, y no se mordía la lengua al criticar a académicos como Arturo Pérez Reverte, sencillamente, porque escribía mal.
Entrevista a Mercedes Salisachs
(Gaceta de los Negocios, junio 2004).
Como la mayoría de los autores, Salisachs seguía una rutina, que me describió con todo detalle: escribía todos los días, por la tarde y siempre a máquina, en una mesa que soñó y mandó construir en 1958. Pese a los muchos años transcurridos, la autora seguía lamentando los tres años que la guerra le robó y acusaba a la dictadura de Francisco Franco de haber mutilado sus obras. Pertenecía a la alta burguesía catalana, casi siempre fue políticamente incorrecta y confesaba sin ambages que no sabía catalán ni jamás le había interesado aprenderlo.

Mercedes Salisachs, en la rueda de prensa
tras ganar el premio Planeta (1975).
Salisachs fue una autora bastante premiada. Recibió desde el Planeta (lo ganó en 1975 por La gangrena) hasta el Ciudad de Barcelona (Una mujer llega al pueblo, 1956), pasando por el galardón de novela histórica Alfonso X, el Sabio (lo recibió en 2009 por Goodbye, España), el Ateneo de Sevilla o el Fernando Lara. Sin embargo, la crítica en España siempre la silenció, y así lo reconocía en la entrevista que me concedió hace diez años, cuando confesaba que su mayor pesar era el abandono. "A mí no me han hecho críticas malas. A mí lo que han hecho es silenciarme. Como si no existiera. Yo hubiera preferido una mala crítica, pero que supieran que existo”, se dolía Salisachs.

'La gangrena', premio Planeta
(Merces Salisachs, 1975).
Y eso, a pesar del enorme éxito que había cosechado muy temprano, especialmente con su novela La gangrenaUna obra en la que narraba la peripecia vital de Carlos Hondero, comenzando por su niñez en la época de la dictadura, y entrelazándola con los hechos reales que jalonaron la historia misma de España. Todo un crisol social y político de algunos de los años más significativos del pasado siglo XX.

Nunca fui muy fan de Mercedes Salisachs, ni me interesaron en demasía sus historias algo convencionales, a veces teñidas de un barniz religioso que no casa con mi formación ni con mi sentir.

Mercedes Salisachs, con unos amigos en los años setenta.
Pero Salisachs escribía bien, dedicó su vida a la literatura y poseía un estilo propio que no vulneró ni amoldó a las sucesivas modas. Toda su vida tuvo que lidiar con los prejuicios rancios, ya fuera los de quienes, en la España preconstitucional, la criticaban por escribir "para hacerse notar"; o los de quienes, con la libertad y la democracia, la denostaban por ñoña, mojigata y hasta opusina.

Aunque sólo fuera por su tesón, su integridad y sus más de sesenta años dedicados a la literatura, Mercedes Salisachs ya se merece un puesto destacado en la Historia de las letras españolas, como una de sus grandes autoras, uno de los nombres a los que volver y releer. La maquinaria mediática, Internet y las redes sociales lo ponen muy fácil. Como aperitivo, este vídeo del mítico programa de televisión Negro sobre Blanco, presentado por Fernando Sánchez Dragó, donde Salisachs dio una clase magistral de literatura y de humanidad.

Descanse en paz.

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