jueves, 17 de abril de 2014

'Manazuru', de Hiromi Kawakami, y el Tokio de Murakami

(Más sobre Hiromi Kawakami aquí)

Hiromi Kawakami (1958) es una consagrada escritora japonesa, conocida en España por su novela El cielo es azul, la tierra blanca, editada por Acantilado, que es el sello que publica su obra en España. El último título en aparecer es Manazuru, que tiene tiene como eje la soledad de una mujer que entra en la edad madura sin núcleo familiar o sentimental consistente.
La novelista japonesa Hiromi Kawakami.
Es un libro introspectivo y lírico, bastante más complejo que El cielo es azul… La historia arranca con unas sucintas líneas sobre la peripecia vital de la protagonista, Kei, aliñadas con pinceladas de las vidas de su hija y de su madre, para en seguida llenarse de elementos mágicos y presencias fantasmales, que sirven de guía a la mujer en sus viajes a la península de Manazuru.

El personaje central, Kei, es una escritora freelance de cierto éxito, tiene desde hace años un amante casado al que no se cuestiona y carece de control sobre sus circunstancias pues está obsesionada con un enigma: ¿por qué la abandonó su marido un buen día, para nunca más volver? ¿Está su esposo, Rei, vivo o muerto?
'Manazuru', novela de Hiromi
Kawakami editada por Acantilado.  
Esta novela zambulle al lector en un mundo árido, poco acogedor, de frágiles fronteras entre la disección de la realidad y la más pura ensoñación. Las emociones reprimidas están a flor de piel, tanto si la protagonista deambula por Tokio, como si coge el metro, va a la editorial, cocina para su hija adolescente o cose junto a su madre. Sólo en Manazuru se despliega todo el dolor por la pérdida del amado, el miedo al futuro, el desconcierto. Algo en lo que poco la ayudarán los fantasmas que la acompañan a ratos.
 
Me gusta mucho el estilo narrativo de Hiromi Kawakami: sencillo, pulcro y sin adornos, como una bella caligrafía. La escritora logra, sin esfuerzo aparente, que los diálogos y descripciones fluyan con la sonoridad del agua resbalando sobre la piedra. Conforme iba leyendo Manazuru, mi principal miedo era que el final me decepcionase, por obvio o por rebuscado; cualquier extremo me causa aversión. Pero lo cierto es que no hay espacio para la decepción. Supongo que la novela acaba del único modo posible.

El escritor japonés Haruki Murakami,
bajo el cielo azul de Tokio.
De Haruki Murakami (1949) tengo que escribir más entradas, pero hoy me quiero fijar en su relación con Tokio, la bulliciosa y fascinante capital de Japón, por donde deambula la mayoría de los personajes de sus novelas. Como sucede con autores de éxito, en Tokio hay una ruta Murakami por los lugares reales que pueblan sus libros. Suelen ser enclaves cotidianos, ungidos de cierta melancolía, como los jardines Jingu Gaien, el distrito comercial Aoyama (allí se compra los bolsos Aomame, la protagonista de 1Q84), la universidad Waseda (donde estudió el narrador de Tokio Blues y el propio Murakami) o las estaciones de metro.

En Aoyama compraba sus bolsos Aomame,
la protagonista de 1Q84.
Lugares cotidianos, tal vez, pero esos mismos sitios y sus habitantes, en Tokio, son singulares: desde los oficinistas que regresan a sus casas con varios sakes o cervezas de más, hasta las jóvenes harajuku (medias altas y coloridas, peinados estrafalarios, tacones inmensos...), todo parece diferente. Cada callejuela de Tokio, los bares, tabernas, barras de sushi giratorio y jardines esconden secretos. Lo mismo puede decirse de espacios recurrentes como el barrio de Shinjuku o el hotel Okura (sale en 1Q84), por los que Haruki Murakami siente predilección.
Y todo, bajo el cielo azul de Tokio, que en Murakami no es el mismo cielo, ni del  mismo azul, que en las novelas de Kawakami. Sin embargo, ambos escritores se parecen en algo: sus protagonistas no están a gusto en la ciudad y a menudo se empeñan en abandonarla. Pero siempre regresan a Tokio y a su cielo azul.

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