martes, 4 de febrero de 2014

Dos tabernas y dos cafés con encanto en La Latina

(Grafitis y trampantojos en La Latina aquí)

Es un barrio que no pasa de moda, sino que todas las modas pasan por él desde tiempos inmemoriales. La Latina de los turistas extranjeros está retratada en decenas de guías, con paradas indispensables en locales de renombre como Casa Lucio o Julián de Tolosa, y bares llenos hasta la bandera, como La Tomasa, El Tempranillo, El Viajero o el Delic. Pero hay mucha más Latina, acogedora, discreta…a buen precio.

Taberna La Concha (Cava Baja, 7, Madrid).
Taberna La Concha (Cava Baja, 7) es una sorpresa, no sólo por el listado de cavas o de vinos por copas (entre dos y tres euros), o por su vermú servido en copa de cóctel y con aceituna. También los platos son peculiares, más que vanguardistas, diría con un punto personal: pimientos del Piquillo rellenos de queso de tetilla, tortilla caramelizada, carpaccio de gamba blanca, anchoas con pesto... A pie de calle, es un local estrecho y pequeño, que en horas punta se pone intransitable, aunque en la planta baja hay una sala con mesas para comer, cenar o tan sólo escapar de las estrecheces y aislarse del jaleo.
 
Taberna Matritum (Cava Alta, 17, Madrid).
Taberna Matritum (Cava Alta, 17) tiene un aire a lo bistró francés que se amolda bien a la heterogeneidad del barrio. Es una taberna de ambiente relajado, decoración cuidada, buena cocina de calidad a precio moderado, sin estridencias. Los nombres de los platos suenan bien y hay variedad de vinos. Eso sí, las mesas están bastante cerca (igual que en las brasseries francesas) por lo que gozar de intimidad depende del día y de la hora. En Matritum hay a diario productos de temporada y platos de pizarra y menú cerrado. Allí he probado, y me encantan, los mejillones de roca con crema de ajo; las anchoas del Cantábrico en escabeche casero con "pa de vidre"; los calçots en tempura con Romescu; y los tacos de bonito a la plancha con verduras. Los entrantes rondan los 7 euros y los segundos los 14 euros. Como siempre, los vinos y los postres son los que suben la factura.
Café Molar (La Ruda, 19, Madrid)
Café Molar (La Ruda, 19) vende libros y discos y allí se pueden tomar tés, cafés, infusiones y tartas. Por las mañanas es un oasis de tranquilidad, una cafetería espaciosa y bien dispuesta donde recalar con el portátil o la tableta para conectarse al wifi y navegar en paz. También es agradable para reunirse con amigos y celebrar una tertulia. Clientela en su mayoría femenina, salvo los sábados y, sobre todo, los domingos, cuando los asiduos al Rastro se despliegan por todo el barrio y, claro está, estando muy cerca de Malacatín es imposible pasar desapercibido. Buen punto de partida para explorar el cercano Campo de la Cebada, en lo que fue la piscina cubierta de La Latina.
Café-panadería + Que Pan (Carrera de San
Francisco, La Latina, Madrid).
+ Que Pan (Carrera de San Francisco), a unos pasos de Juana La Loca. Ha pasado de ser un simple despacho de pan a convertirse en discreta cafetería-panadería de barrio. Como sucede con la mayoría de locales próximos al mercado de La Cebada, los responsables de + Que Pan han aprovechado el cierre del anterior negocio para trasladarse un par de portales, han instalado mesas de mármol con pies de hierro y dejado tal cual las columnas y los altos techos. Venden el pan, los pasteles y las empanadillas de siempre, y sirven desayunos con aceite de oliva y sal.

+ Que Pan (Carrera de San Francisco,
La Latina, Madrid).
Merece la pena probar los cruasanes (salados y dulces) y, sobre todo, acomodarse con el periódico en cualquiera de los dos sofás mientras se ve pasar la vida por la castiza Carrera de San Francisco y las medievales Puerta de Moros y Plaza de los Carros, donde se yergue la iglesia de San Andrés.

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