domingo, 19 de enero de 2014

La Granja: mi primera nevada de 2014 en un spa

(Otras escapadas aquí)

Mi primera nevada del año me ha cogido en la provincia de Segovia, en concreto, en La Granja, donde durante toda la noche del sábado estuvo cayendo una discreta lluvia de aguanieve que al fin, esta mañana, cuajó en una fina capa blanca que asfaltaba tanto los techos de los coches como las estrechas callejuelas anejas al Parador y al Palacio Real.

Nieve en La Granja (Segovia).
Con esta escapada de fin de semana al Parador de La Granja cierro la libreta de regalos de Reyes y doy carpetazo (real, mental) al fenecido año 2013. No ha sido un año especialmente malo para mí ni para los míos, pero sin duda la Historia de España (y del mundo) lo arrumbarán en un rincón lleno de óxido donde irán a pudrirse los últimos frutos de la crisis económica más larga de nuestra época democrática.

Parador de La Granja (interior).
Eso, si tenemos suerte y el recién nacido año 2014 no se nos malogra como un bebé que tarda en aprender a andar, o peor aún, como un preadolescente que se queda atontado en la época del acné, mientras se pierde la parte más divertida de la revolución hormonal.

Vestíbulo del Parador de La Granja (Segovia).
Había estado en La Granja varias veces, años atrás, de visita artística y también en ruta gastronómica de judiones y cochinillo (cuando aún era carnívora). Pero nunca me había alojado en el Parador ni disfrutado del spa termal. Para quien pueda estirar un poco más el presupuesto, ahora es el momento de hacerlo, ya que uno de los efectos que la crisis ha traído es el de una rebaja generalizada de precios en hoteles y restaurantes, además de ventajosas ofertas de paquetes de fin de semana.

El Parador en si mismo es muy acogedor, las habitaciones son amplísimas, el desayuno y la cena copiosos (quizá demasiado), el personal diligente, hay wifi (rápido, de verdad) en todo el establecimiento. Y el spa, aunque reducido en tamaño, es muy acogedor, con ducha de sensaciones incluida y paseo al aire libre para llegar hasta el edificio donde está la piscina de nado contra corriente. Tenían razón quienes nos habían dicho que pasear en albornoz y chanclas bajo la nieve era una experiencia muy curiosa.

Nieve en la A-6, en Segovia, desde el coche.
De vuelta a Madrid, la nevada nos acompañó hasta la boca del túnel de Guadarrama. Dos diligentes máquinas quitanieves, rastrillando en un sentido y otro de la A-6, nos despidieron de la primera nevada del año. En Madrid lucía (aún lo hace) un tímido sol aguado.

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