miércoles, 15 de enero de 2014

Chevalier y Batallé, mujeres que escriben de mujeres

(Más sobre Tracy Chevalier aquí y sobre Iolanda Batallé aquí)
 
Empiezan a llover las (buenas) críticas sobre la novela de Tracy Chevalier (1962) El último refugio (The Last Runaway en su título original), que cuenta la historia de una inglesa cuáquera que emigra a Ohio en 1850 y descubre allí un país salvaje y conflictivo, de clima extremo y animales extraños. Su vida dará un vuelco el día en que un esclavo fugitivo aparece en su corral en busca de ayuda.
 

La escritora Tracy Chevalier
(Londres, junio de 2013).
Sirva este somero argumento como bosquejo para el lector que decida adentrarse en los vericuetos de esta autora estadounidense de apellido francés y asentada hace años en Londres. Porque lo mejor de esta novela no es la peripecia en sí misma, sino la confluencia de historias íntimas, el tapiz de intensas relaciones humanas que Chevalier teje con el tesón de una diligente artesana, situándolas siempre en un contexto histórico peculiar. Baste recordar la impecable recreación de escenarios, tiempos y formas en las que encuadra algunas de sus anteriores novelas: La joven de la perla, El azul de la Virgen o Las huellas de la vida (Remarkable Creatures).
 

Tracy Chevalier en su estudio (enero 2014).
Chequeo de vez en cuando su web personal en busca de pistas sobre sus próximos trabajos y, para qué negarlo, sobre su vida de escritora, ya que siempre me ha interesado la rutina de los autores que admiro, los hábitos que practican mientras persiguen la inspiración o se dejan atrapar por tan esquiva musa. Y, en el caso de Chevalier, acabo de toparme con su nuevo escritorio, grande, de suaves y onduladas formas, de precioso color rojo cereza, según ellas misma detalla. Lo mejor: situado frente a una ventana desde la que se atisba la vegetación. Las mujeres sabemos bien, y no sólo las escritoras, lo importante que es tener, como dejó escrito Virginia Woolf (1882-1941), Una habitación propia  (1929) construida a la medida de nuestras ambiciones.

La escritora y editora
catalana Iolanda Batallé.
Desconozco las rutinas de la escritora y editora catalana Iolanda Batallé (1971), pero apuesto a que sus días contendrán más ajetreo que los de Chevalier, aunque sólo sea porque la barcelonesa es más joven y compatibiliza la ficción con su profesión de editora. En todo caso, espero con ganas la publicación en castellano (Planeta, febrero de 2014) de su último libro, Faré tot el que tu vulguis (Haré todo lo que quieras), con el que ha ganado el premio Prudenci Bertrana. Sigo a Batallé desde que la descubrí en su primera novela, La memoria de las hormigas, y no me defraudó con su siguiente libro de relatos, El límite exacto de nuestros cuerpos
En entrevistas con los medios de comunicación, Iolanda Batallé ha dado pistas de la protagonista, femenina como casi todas las suyas. También de la trama, además de deslizar frases como éstas: "El deseo es anticiparse al placer que te dará algo. Y el amor es el hábito del deseo. El deseo es como una olla de arroz cuando hierve, hace esas burbujas que suben, bajan y desaparecen. Una burbuja sustituye la siguiente y es importante darse cuenta, porque al final del día todas las burbujas se parecen".

Portada de 'La memoria de
las hormigas' (I. Batallé).
Faré tot el que tu vulguis sigue los pasos de Nora, una mujer atrapada en un matrimonio convencional que despierta por accidente al amor y la sensualidad, tras encontrarse en un avión con un joven intrigante. Según explica Batallé, la novela debería leerse "como un camino que lleva del haré todo lo que tú quieras hasta el haré todo lo que yo quiera". Una senda jalonada de experiencias nuevas, algunas de ellas extremas, ninguna de las cuales desemboca en una verdad absoluta, pero sí en una certeza diferente.

 

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