lunes, 7 de octubre de 2013

'El cielo es azul, la tierra blanca', de Hiromi Kawakami

(Más sobre Japón  y Tokio aquí)
 
Es una autora japonesa, crítica literaria y ensayista, que todavía está muy lejos de la fama que disfruta en Europa el best-seller mundial Haruki Murakami (Kioto, 1949). Pero la escritora Hiromi Kawakami (Tokio, 1958) lleva varios años gozando del favor del público español gracias a las traducciones de la editorial Acantilado. Su primera novela publicada en nuestro país, El cielo es azul, la tierra blanca, es una historia de amor que se salta las convenciones para crear un universo de dos en el cual se oyen hasta los silencios.

Hiromi Kawakami, durante un encuentro
literario en Brooklyn (febrero, 2013).
Se trata de una historia íntima que mete al lector en la piel de Tsukiko (una mujer emancipada y autónoma, de 38 años) y su viejo maestro de japonés; dos personas solitarias que han renunciado a sentir demasiado, para no sufrir. Pese a ello, no hay en la novela concesión alguna a la tristeza o la desesperación, aunque tanto la mujer como el hombre finjan estar curados de decepciones, cuando la realidad es que están deseando amar y buscan, sin buscar, el reflejo del otro que les devuelva su singularidad
'El cielo es azul, la tierra blanca'
(Hiromi Kawakami).
Tsukiko y Matsumoto se encuentran en una taberna, donde beben cerveza y sake, comen y hablan de literatura, política y béisbol. Así lo hacen desde el principio del libro hasta casi el final. Sabemos que, antes de reencontrarse bebiendo, los dos habían escogido una vida austera y algo despojada, como los cerezos sin flor de los que ella se compadece la primera noche que visita la casa de él. Esas ramas huérfanas en el jardín del maestro son una metáfora de la incurable necesidad de belleza, por muy efímera que ésta sea.

En El cielo es azul, la tierra blanca nada sucede por capricho, nada es en balde, ni siquiera las exigencias del hombre para mantener una relación a primera vista extravagante. Y, aunque en las primeras páginas de la novela podría parecer que Tsukiko es una marioneta gobernada por el hombre, no es cierto que los casi treinta años de edad que los separan la conviertan a ella en alguien manejado por la corriente.

Metro de Tokyo (Julio, 2013).
Me gusta mucho el estilo de Hiromi Kawakami: sencillo, pulcro y sin adornos, como una bella caligrafía. La escritora logra, sin esfuerzo aparente, que los diálogos y descripciones fluyan con la sonoridad del agua resbalando sobre la piedra. Algo muy difícil, ya que los protagonistas no son demasiado simpáticos ni atractivos, sus vidas no son envidiables, no han logrado un éxito rotundo en sus carreras, y han sido incapaces de forjar sólidos lazos de amistad o familiares. Sin embargo, cuando los mundos de Tsukiko y Matsumoto colisionan, el lector sabe que está asistiendo a un pequeño milagro, casi, casi, como si fuera un cámara de National Geographic apostado durante días, semanas, meses quizá, esperando a que brote una flor exótica.

La editorial Acantilado ha publicado otros tres libros de Kawakami: Abandonarse a la pasión, El señor Nakano y las mujeres y Algo que brilla como el mar. No los he leído aún, pero sin duda lo haré. Esa es otra semilla plantada por El cielo es azul, la tierra blanca: el deseo de seguir explorando el universo literario de su autora.

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