jueves, 24 de octubre de 2013

'Al volver la esquina', novela póstuma de Carmen Laforet

(La insolación, de Carmen Laforet, aquí)

Protesta femenina, curiosidad intelectual y preguntas sobre la identidad son tres de los elementos en los que indagan las novelas de Carmen Laforet (1921-2004) y que la acercan a otras autoras de su época, entre ellas, Josefina Aldecoa, Ana María MatuteCarmen Martin Gaite. 
La escritora Carmen Laforet
(1921-2004).
Son además tres elementos muy presentes en Al volver la esquina (2004), la segunda parte de la trilogía inacabada Tres pasos fuera del tiempo, una historia de tres momentos cruciales en la vida de Martín Soto, el único protagonista masculino de Carmen Laforet. El primer libro, La insolación (1963), está ambientado en la década de los años cuarenta del siglo XX; Al volver la esquina se sitúa en los años cincuenta; y la tercera novela, que debería de haberse titulado Jaque mate (pero que, si se terminó de escribir, se ha perdido y quizá nunca vea la luz), tenía como marco la España de los años sesenta.
'Al volver la esquina', de
Carmen Laforet (2004).
Ante todo, Al volver la esquina es un magnífico ejemplo de novela psicológica, escrita (la autora confesó que la tenía acabada en 1973) en la posguerra española, aunque no vio la luz hasta la muerte de la escritora, en 2004. Sin embargo, ni la historia ni los personajes suenan anticuados, ni sus páginas rechinan pidiendo a gritos ser lubricadas con algo más que capas de lustroso aceite.

El Martín Soto adolescente de La insolación se ha convertido en un joven pintor bohemio de 24 años que busca sentido a su existencia, casi del mismo modo que lo hacía cuando, a sus catorce años, conoció a los hermanos Anita y Carlos Corsi, aquel lejano verano, en un pueblo asomado al mar de Levante.
Carmen Laforet (1921-2004), en una foto sin fechar.
Al igual que la España de los años cincuenta, el protagonista de Al volver la esquina vive rodeado de carencias y pobreza, aferrado a su arte sin demasiada esperanza, hasta que se reencuentra con Anita, en una lluviosa noche toledana. Volverá así a entrar  en contacto con el universo extravagante y frívolo de sus antiguos amigos, se verá arrastrado por la nostalgia, consumido por los celos y el capricho, avanzando al dictado de las reglas reescritas de la amistad.
Carmen Laforet (fotografía
sin fechar).
Por el camino, el protagonista pondrá color a su mundo de estrechas miras y, de paso, coloreará la España que se miraba el ombligo roñoso, sin querer, queriendo, salir a la superficie, como un buzo en su primera bocanada de aire tras una inmersión especialmente ardua.

Las vicisitudes de la publicación de esta novela las explica en el prólogo el hijo de Carmen Laforet, Agustín Cerezales (1957), que junto a su hermana Cristina Cerezales (1948) son los responsables de la edición póstuma. Es así como el lector se entera de que Carmen Laforet murió un mes antes de tener en las manos el último producto de su fiebre literaria. Llevaba años recluida en un sanatorio-residencia, sumida en el mutismo y alejada de todo y de todos.

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