sábado, 28 de septiembre de 2013

Un elefante entre las gárgolas de Nôtre-Dame de París

(Más sobre París aquí)
 
París tiene las gárgolas más célebres del mundo. Están en las torres de la catedral de Nôtre-Dame, y de su fama tienen tanta culpa los visitantes de los últimos ochocientos cincuenta años como el escritor Víctor Hugo (1802-1885) y su jorobado Quasimodo. He subido cuatro o cinco veces a la Galería de las Quimeras de la catedral: la primera, hace veintitrés años, en mi primera visita a París, y la última, hace dos semanas, en una breve escapada para enseñarle la ciudad a dos sobrinos. Ni la lluvia, que caía sin cesar, ni la hora de cola que tuvimos que esperar para subir a las torres, deslució el espectáculo de estar frente a esos magníficos animales. 
 
Gárgolas mitad aves, dragones y felinos
(Torres de Nôtre-Dame de París).
Según la mitología, una gárgola es un ser imaginario de aspecto grotesco, a menudo amenazante, que infunde temor. El arte gótico las puso de moda, al esculpirlas en piedra para adornar las torres y tejados de las iglesias, sirviendo de paso para cubrir los canalones por los que el agua bajaba de los tejados al suelo.

Gárgola pensativa, símbolo de la Catedral
de Nôtre-Dame de París.
Con el paso de los siglos, París, Nôtre-Dame y su Galería de las Quimeras son la prueba de la curiosa forma en que funciona el engranaje del tiempo. Ya desde la Edad Media, las gárgolas se convirtieron en un material suculento para la imaginación de los artistas picapedreros, que extremaron el ingenio para producir monstruos cada vez más refinados, mitad humanos mitad animales, ya fuera dotados de pezuñas, garras, picos extremos, alas y plumas descabelladas, cuernos o barbas imposibles. Así, estos elementos escultóricos, que debían atemorizar al entrar en los lugares sagrados, han acabado siendo unas criaturas tan amadas y fotografiadas como los propios rosetones o los deambulatorios de las iglesias que los cobijan.
 
Esta gárgola con aspecto de macho
cabrío vigila París desde las alturas
Las quimeras de Nôtre-Dame de París rivalizan en apostura y fama, aunque hay dos que acaparan la mayoría de los objetivos de las cámaras de los turistas, no sólo por lo bellas que son, sino por el lugar prominente que ocupan, asomadas al vacío. Aunque, mientras la quimera pensativa infunde sosiego, la otra, que recuerda a un macho cabrío, transmite la sensación de alerta, con su postura rígida, erguida, en actitud de vigía, claramente a la defensiva.

La gárgola 'monja' acompaña a otra con
aspecto de ave feroz (Nôtre-Dame, París).
Hay muchas otras gárgolas que merecen una observación pausada. A mí me gusta mucho un par de quimeras con forma de ave. Una de ellas lleva una especie de velo que recuerda el de las monjas. Otra se asemeja a un ave feroz y está plantada sobre el filo del tejado, al que se aferra con sus poderosas garras.

 
Al fondo, a la izquierda, un elefante entre gárgolas.
Y me encanta una gárgola que he descubierto en este viaje. Se trata de un elefante esculpido de una manera muy realista, es decir, con escasos rasgos grotescos, y que se mantiene en un segundo plano, rodeado como está de otras quimeras más grandes, que parecen apabullarlo.

Elefante entre gárgolas (Torres de Nôtre-Dame).
Todos esos monstruos de piedra son impresionantes en su inmovilidad y en su labor de vigías de la catedral. Si en pleno siglo XXI continúan dejando con la boca abierta a personas de todos los continentes que apenas han vivido en un mundo sin televisión ni teléfonos móviles, ¿cuál no sería el asombro de los hombres y mujeres de la Edad Media, del Renacimiento, del Siglo de las Luces, de los revolucionarios... al levantar la vista y contemplar las gárgolas sumidas en la oscuridad?

4 comentarios:

  1. hola :) muy bonitas las fotos que tomaste, nosotros en nuestro viaje a parís (primera vez ) también descubrimos el elefante, nos quedamos asombrados porque realmente no tiene mucho de similitud con las demás gárgolas, encontraste la vaca?... un saludo!

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  2. Muchas gracias por la pista de la vaca (no la encontré). Lo cierto es que las torres de la catedral y las gárgolas, así como las vistas de París, son increíbles. Saludos

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  3. Junto a la quimera del ave "Monja" está la de un Cuervo, según Fulcanelli en su libro El Misterio de las Catedrales, la vista del cuervo está orientada hacia el lugar en que está oculta la famosa Piedra Filosofal, yo acabo de regresar de Paris y también subí de nuevo los más de 400 escalones hasta lo más alto de Notre Dame es una experiencia única, gracias por compartir!

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