viernes, 30 de agosto de 2013

Jane Austen y Charles Darwin, que estáis en los cielos

(Más sobre Jane Austen aquí y sobre Mr. Darcy aquí)
 
Hace 200 años, Jane Austen (1775-1817) vio al fin publicada su novela Orgullo y prejuicio, por el editor londinense Thomas Egerton. Imagino que ese fue un día especialmente feliz para la autora, después de los dieciséis años que el manuscrito durmió en varios cajones de sus varias casas, fue retomado y reescrito, hasta que logró darle su forma definitiva.

Diseño del billete de 10 libras con la
efigie de Jane Austen (a partir de 2017).
Sólo Jane y quizá su hermana Cassandra Austen (1774-1845), amiga y confidente, sabían los 
intrincados vericuetos por los que, durante años, fluyó la historia de amor de Elizabeth Bennet y Mr. Darcy hasta convertirse en un libro que, doscientos años después, habrían leído millones de personas en todo el mundo, habría sido llevado al cine decenas de veces y habría inspirado incontables obras de ficción. Algunas, incluso, de vampiros.

Primera edición de 'Orgullo
y Prejuicio' (Jane Austen).
La realidad es que Jane Austen murió a los 41 años, cuando apenas había comenzado a saborear el éxito, que la sorprendió viviendo en un entorno rural modesto, propio de la baja nobleza inglesa de principios del siglo XIX. Por eso, se quedaría atónita si viera la austenmanía que vive Inglaterra este año, con multitud de actos, conferencias, programas de radio y televisión, incluso subastas de objetos legados por la familia.
Y seguro que no saldría de su asombro si, allá en su cielo, pudiera enterarse de que, desde 2017, su rostro irá estampado en los billetes de diez libras que circularán por Reino Unido, en sustitución, nada más y nada menos, que de Charles Darwin (1809-1882).

'El origen de las especies',
obra cumbre de Charles Darwin.
Una autora  a la que ciertos críticos siguen tachando de “novelista rosa” (la Barbara Cartland de finales del siglo XVIII, así la siguen llamando algunos) relevará al padre de la evolución, el naturalista Darwin, casi tan controvertido hoy como en su momento, despreciado por muchos, pero autor también él de un libro memorable, El origen de las especies, que cambió para siempre la concepción de la vida, la muerte y el sentido de existencia del ser humano sobre la faz de la Tierra.
Dicen que los dioses a veces escriben con renglones torcidos las vidas de los simples mortales. Suelen decirlo quienes necesitan justificar a toda costa los errores inexcusables, esas calamidades que pesan tanto que es inconcebible achacar al libre albedrío, ni siquiera a la pecaminosa voluntad del ser humano.

Caligrafía japonesa.
En el caso de Jane Austen y de Charles Darwin, creo que los dioses se han recreado de manera especial, como si hubieran practicado durante cientos de años la más fina y bella caligrafía japonesa. Como si de un magnífico ajuste de cuentas con la Historia se tratara, los años y los siglos apartan lo superfluo y acaban haciendo sitio a lo esencial. 

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