miércoles, 8 de mayo de 2013

El Parque de los Monstruos de Bomarzo (I)

(Más viaje a Italia aquí)

Un dragón atacado por perros en el
Parque de los Monstruos (Bomarzo, Italia).
Un dragón que lucha contra unos perros; un elefante que asfixia con su trompa a un legionario romano; una tortuga gigantesca; ninfas, furias, diosas y héroes mitológicos; figuras antropomórficas de terrible aspecto reposan entre la maleza, con la sola compañía del musgo, de la hiedra y de los visitantes que se acercan al Parque de los Monstruos de Bomarzo.

Neptuno atrapado en un mar de musgo
(Bosque Sagrado de Bomarzo, Italia).
Visité Bomarzo (a unos 100 kilómetros al norte de Roma, cerca de Viterbo y de Orte) en agosto de 2002, junto a mi compañero de fatigas, como parte de un viaje que primero nos llevó a Sicilia y luego al continente. Nada más aterrizar en Roma (desde Palermo), cogimos un coche de alquiler en el aeropuerto y pusimos rumbo al bosque sagrado, construido en la segunda mitad del siglo XVI por el duque Pier Francesco Orsini (1512-1583).
 
Bomarzo me pareció un lugar mágico, un jardín laberíntico de aspecto salvaje, poblado por  esculturas de una crudeza extrema, casi todas en actitud de combate, como paradas en seco por el pincel. Mientras recorría sus senderos me sentía como si viajara a un mundo de fantasía, misterioso, peligroso y, de algún modo, dormido.

Hércules despedaza a Caco
(Bomarzo, Italia).
Tuvo Bomarzo un autor ilustre: lo diseñó Pirro Ligorio (1513-1583), el arquitecto renacentista que terminó la iglesia de San Pedro, tras la muerte de Miguel Ángel. Esa es casi la única certeza que se tiene de por qué y para qué se construyó este jardín excesivo y delirante. Unos dicen que el duque Orsini levantó Bomarzo como un tributo de amor tras la muerte de su esposa, Julia Farnese. Otros hablan de motivos esotéricos, herméticos y cabalistas. Hay quien lo interpreta en clave heroica y lo recorre tratando de identificar entre los árboles a Proteo, Hércules, Venus, Proserpina, Cerere, Caco, etc.

Cerere, diosa protectora de
Roma (Bomarzo, Italia).
Yo prefiero la versión del escritor argentino Manuel Mujica Lainez (1910-2009), por quien supe de la existencia del Parque de los Monstruos, allá por el año 1987, después de devorar en un par de noches su monumental novela histórica Bomarzo.

Es él, Mujica Lainez, el inventor moderno del Bosque Sagrado, quien lo dio a conocer en medio mundo, con su retrato minucioso y subyugador del duque Pier Francesco y de su época de condottieros, damas de la corte, mecenas y artistas que se empeñaban en poner al hombre y su carnalidad en el centro de la creación.

Moneda con la efigie de Vicino Orsini
(British Museum, Londres).
Según Mujica Lainez, Bomarzo nació de la mente retorcida y torturada del duque, a quien hace decir en un momento de la obra: “Un día morirán los monstruos de piedra erigidos por mi orgullo”. Pero lo cierto es que no ha sido así, y cuatro siglos después, ahí siguen las formidables esculturas que mandó tallar, para delicia de turistas y fetichistas literarios.