sábado, 20 de abril de 2013

Siria y Jordania (y IV): Madaba, monte Nebo y Jerash

(Más sobre Siria y Jordania aquí)

Después de Petra, la siguiente parada en mi viaje a Jordania, en agosto de 2007, fue Madaba, conocida por albergar un mapa de mosaico de Jerusalén y Tierra Santa, del siglo VI, que muestra las colinas, valles, pueblos y ciudades hasta el delta del Nilo. Es una obra de arte formada por dos millones de piezas, que se guarda en la iglesia ortodoxa de San Jorge. De allí me traje unos posavasos de piedra con dibujos de un caballo, dos elefantes y una garza.

Pila bautismal y mosaicos en la iglesia del
monte Nebo (Jordania).
Antes de bajar al mar Muerto a comer, subimos al monte Nebo, uno de los lugares santos más venerados de Jordania y el sitio donde se dice que fue enterrado Moisés, aunque ni su tumba ni su cuerpo han sido encontrados. Los primeros cristianos construyeron aquí una pequeña iglesia bizantina, con el suelo lleno de mosaicos y una bella fuente bautismal, y una cruz señala el lugar donde se supone que reposa el profeta, que tras guiar a los judíos hacia la libertad tuvo que conformarse con ver Tierra Santa desde este monte. Las vistas son impresionantes: la frontera israelí, el valle del Jordán, el mar Muerto, tierras cuajadas de historia. Una visita sobrecogedora y una experiencia para quienes compartan la fe del profeta.

Posavasos de piedra de Madaba (Jordania).
Sentía curiosidad por probar las aguas del mar Muertoubicado a 400 metros por debajo del nivel del mar y conocido por la salinidad de sus aguas y sus efectos terapéuticos. Confieso que no está mal eso de flotar sin esfuerzo mientras se toma un baño, y que embadurnarse de barro es exótico, pero el mar Muerto fue lo que menos me gustó del periplo por Jordania. Piqué, eso sí, comprando los jabones de barro que venden allí, uno de los cuales aún me dura.

Turistas entre las columnas de las ruinas romanas
de Jerash (Jordania).
La siguiente parada fue la capital, Amándonde nos alojamos en el Radisson SAS, tristemente famoso por ser uno de los tres hoteles contra los que habían atentado dos años antes, en 2005, en una cadena de explosiones simultáneas. Murieron 57 personas, y debido a ello la seguridad era tremenda, con control de equipajes, militares de guardia en el lobby y los salones y vigilantes por doquier. En contraste, Amán me pareció una ciudad amistosa y segura, viva y calurosa, repleta de cafés y restaurantes, con mucho tráfico y gente en la calle a altas horas de la noche.

Arco de Adriano (ruinas de Jerash, Jordania).
El final del recorrido por Jordania fue espectacular: las ruinas de Jerash, una ciudad noble y hermosa que ha estado habitada desde hace más de 6.500 años. Empezó a prosperar bajo el gobierno de Alejandro Magno y alcanzó su esplendor durante el periodo romano (fue conquistada en 63 a.C.). Es monumental y bellísima, la prueba es que en Jerash está tomada la foto más reproducida de Jordania, la que aparece en la portada de muchas guías: las columnas corintias del santuario de Artemisa.
 
 
Jarrón de cristal de roca
(Jerash, Jordania).
Jerash presume de tener las ruinas romanas mejor conservadas del mundo, de lo que dan fe las diez puertas del hipódromo, el teatro, el arco de Adriano (construido para celebrar la llegada del emperador en 129 d.C.), la plaza Oval, el Cardo Máximo, el Tetrapylon y los centenares de columnas con sus capiteles decorados y sus bases robustas y enérgicas, plantadas en la tierra desde hace siglos. Dentro del recinto, y a unos niños que se buscaban la vida con los turistas, compré un óleo (ahora cuelga en el pasillo de casa) y ya en la calle, en una tienda de antigüedades, este jarroncito de cristal de roca. Creo que en Jordania (y Siria) es donde más compras he hecho, entre caprichos y artículos personales.
 
Una forma como otra cualquiera de mantener viva la impresión de ese viaje, en 2007, que deseo repetir. Ya que parece que van a destruir Siria con las bombas de unos y otros, al menos Jordania sigue en pie y en calma. Animo a todo el mundo a visitar el reino jordano, donde pasado y presente se dan la mano en armónica y feliz convivencia.