viernes, 8 de marzo de 2013

Cuatro maniquíes y un rincón con encanto en La Latina

(Más maniquíes en los balcones aquí)

En realidad, los que son cuatro son los edificios con balcones donde se asoman los simpáticos, divertidos y a veces deslucidos maniquíes en el barrio madrileño de La Latina, que es el mío. He buscado en webs y he preguntado a los vecinos, pero nadie sabe qué significan o por qué sus dueños han decidido sacar a la calle a esos modelos de plástico, unos vestidos y otros desnudos.

Cinco maniquíes en la Plaza de San Miguel.
En la plaza de San Miguel, justo en frente del famoso y tremendamente turístico mercado de San Miguel, cinco maniquíes se pasan las horas muertas viendo a los clientes de las dos terrazas que hay justo a sus pies, o bien contemplando el devenir de propios y curiosos. Deben ser de los más fotografiados de la zona, porque el ser cinco y estar vestidos con ropas coloridas hace difícil que pasen desapercibidos. Mi preferido del grupo es el chico de en medio, por el sombrerito.

Modelo casi en la esquina de Tirso de Molina. 
Este simpático chico, con gafas y camiseta blanca y pelo de punta, parece como si se hubiera levantado con resaca una mañana de domingo. Quizá lo habrá despertado el tropel de personas que van y vienen por la calle los días de Rastro, o cualquiera de los ruidosos clientes de las terrazas que se despliegan en esa esquina de la Plaza de Tirso de Molina.

Modelos en la Plaza de Cascorro.
Muy cerca del anterior, estos dos modelos adornan los dos balcones contiguos en la Plaza de Cascorro. Muy visitados también los días de fiesta en los que hay Rastro, sus figuras de plástico han perdido la vergüenza y se muestran a los transeúntes al desnudo. Siempre que paso por la esquina, ya sea camino del metro de Tirso o para comprar el periódico en el quiosco cercano, miro a ver si les han puesto ropa o los han cambiado de postura.

Algunos días no están en el balcón, quizá porque sus dueños andan enfrascados en operaciones de limpieza, o porque de verdad sirven para confeccionar y probar prendas de ropa. Eso sí, cuando regresan al balcón, lo hacen desnudos.

Maniquíes en calle Yeseros, junto a Bailén.
Dos maniquíes negros y asimismo desnudos comparten este balcón de la calle Yeseros, en la esquina con Bailén, en la zona próxima a las Vistillas. Ambos descabezados y ella, además, sin brazos, cual Venus de Milo. Miran hacia el principio de la calle, donde se encuentra el restaurante ruso Rasputín, pero no es que haya mucho que ver porque Yeseros es corta y sin aliciente, así que quizá por eso él levanta los brazos: para llamar la atención o buscar alguien que lo libere de su confinamiento.

Jardín vertical en la calle del Nuncio.
Aparte de los maniquíes, el barrio de La Latina está cuajado de rincones con encanto, bonitos y sencillos, como la esquina de este edificio en la calle del Nuncio, a dos pasos de la Plaza de la Paja y casi, casi, en la esquina con Puerta Cerrada. Un conjunto señorial, que aún alberga oficinas de la Federación de Municipios y Provincias (Femp), y muchos pisos y apartamentos de lujo. Con el aliciente de que muy cerca está el jardín semiprivado del Nuncio, todo un remanso de paz para sentarse a leer o dejar el tiempo correr.