domingo, 10 de febrero de 2013

Colin Firth, el mejor Mr. Darcy de ‘Orgullo y Prejuicio’

Hace doscientos años, Jane Austen (1775-1817) vio por fin publicada su novela Orgullo y prejuicio, por el editor londinense Thomas Egerton. La había comenzado en octubre de 1796, bajo el título de Primeras impresiones, según contó su hermana Cassandra (1774-1845), y el manuscrito durmió durante dieciséis años en varios cajones hasta ver la luz, en enero de 1813. Para celebrar el doscientos cumpleaños de la novela, Inglaterra vive una austenmanía, con multitud de actos, conferencias, programas de radio y televisión, incluso subastas de objetos y ediciones de sus obras, tanto en Chawton, como en Bath y Steventon.

Colin Firth en su papel de Mr. Darcy ('Orgullo
y prejuicio', versión de la novela de Jane Austen). 
Hablar de Orgullo y prejuicio es hablar de Elizabeth Bennet y, por supuesto, de Mr. Darcy, el caballero enamorado a su pesar. Esta tarde he estado surfeando por YouTube y revisitando los Mr. Darcy del cine y de la televisión, y gana por goleada Colin Firth (1960). Por muchas cosas, pero sobre todo, por la contención que logra de esas emociones que lo destrozan, aunque trate de enmascararlas tras una fachada de impecable aristócrata mordido por el orgullo. Firth, de paso, cautiva con su porte y sus maneras trasnochadas, que hablan de una noble cuna y de una educación privilegiada en la sociedad preindustrial.


Por supuesto, Jane Austen sembró el camino de Mr. Darcy con semillas comprensivas, y de ahí que nunca veamos a Colin Firth como un fiordo. De hecho, cuando le sostiene la mirada a Elizabeth, su rostro es un crisol de anhelo, dolor y feliz tormento. Una de mis escenas favoritas de esta serie de la BBC es cuando Darcy contempla a Elizabeth mientras ella toca el pianoforte, ambos ajenos a todo lo que no quepa en el cruce de sus miradas. Mi otra escena favorita, ¡cómo no!, es aquella en la que Darcy-Firth camina hacia Pemberley con la camisa mojada tras nadar en el lago de la mansión.

Mi segundo Mr. Darcy preferido es Matthew MacFadyen, el enamorado de Keira Knightley en la película del año 2005. No es tan apuesto como Colin Firth, ni tan arrogante, pero transmite bien la impotencia y el desánimo de los espíritus transidos de romanticismo. Este Mr. Darcy sería incluso capaz de llorar. ¿Y a qué mujer no se le ablanda el corazón si el enamorado derrama alguna lágrima?





La medalla de bronce es para la interpretación de David Rintoul en la serie de la BBC de 1980. Hasta que no vemos su última declaración (“mis afectos y deseos no han cambiado”), este Mr. Darcy no nos convence de su amor por la heroína. Le sobran centímetros de sombrero y sonrisa irónica, y le falta humanidad. Además, esta versión ha envejecido mal.





Y fuera del podio se queda Laurence Olivier, un gran actor al que difícilmente se le puede disculpar el exceso de pompa y la interpretación acartonada, más propia de un drama en el sur esclavista de Estados Unidos, que de la Inglaterra rural de fin del siglo XVIII. Eso sí, me encanta el Heathcliff que interpreta en Cumbres borrascosas, de  Emilly Brontë, y su Max de Winter en Rebeca.