domingo, 16 de diciembre de 2012

Queridos Mayas: el mundo no se acaba este viernes

La Tierra de noche (composición fotográfica
hecha por satélites de la Nasa).
No parece gran cosa vista así, desde lo alto y de noche. Unos pocos miles de puntos de luz conectados entre sí, a veces formando olas de mar, otras veces simulando brazos de tierra, las más de las ocasiones, abriendo solitarias rutas por desiertos, sabanas, tundras y selvas deshabitadas. Y, sin embargo, es la maravilla de las maravillas: la Tierra, el planeta azul de los cuatro océanos y los cinco continentes, el hogar de los humanos y el inagotable yacimiento arqueológico de las civilizaciones y especies que nos precedieron.

Una de esas civilizaciones, la de los Mayas, predijo hace cientos de años que el mundo se acabaría el día del solsticio de diciembre de 2012, es decir, este viernes. Una superchería como la que el año 2000 llevó a Paco Rabanne a retirarse, inspirado en Nostradamus, convencido de que la estación MIR se desplomaría sobre París.

'Los cuatro jinetes del Apocalipsis'
(Alberto Durero).
Todo este año 2012 han proliferado las webs que extienden la teoría apocalíptica y hacen negocio con ella, al punto de que la Nasa ha tenido que salir al paso negando que el Armagedón esté al caer. Tampoco parece probable que los Cuatro Jinetes del Apocalipsis salgan del cuadro de Alberto Durero (1471-1528) y se pongan a cabalgar.

¿Qué es lo que los Mayas auguraron en realidad? Los más pesimistas dicen que este viernes habrá una gran catástrofe espacial: colisión con asteroide, agujero negro, tormentas solares, cambios de polos magnéticos, terremotos... incluso una invasión extraterrestre. Pero también hay quien lee la profecía con amplitud de miras y sugiere que el viernes los habitantes de la Tierra notarán un cambio físico y/o espiritual, que marcará el inicio de una nueva era.   

Pirámides de la época dorada de los Mayas.

Los descreídos desmontan todo fatalismo recordando otras predicciones que se quedaron en nada. En 1844, el predicador bautista americano William Miller  predijo el regreso de Jesucristo y el fin del mundo, basándose en la Biblia. En 1975, los Testigos de Jehová anunciaron el fin del mundo, igual que hicieron en 1914. En 2000, además del lumbreras de Rabanne, hubo quien habló de un error informático que traería el caos en el cambio de milenio.
 
El desastre espacial es la profecía
más recurrente en las teorías
del fin del mundo.
Los astrónomos rechazan las amenazas interplanetarias y demás zarandajas, con el argumento de que se contradicen con las más simples observaciones astronómicas. Y, sin embargo, las autoridades de medio mundo están en alerta por el peligro extra de todo Apocalipsis: el temor a las conductas desordenadas de miles de ciudadanos, que dicen no poder comer ni dormir, y que ven conspiraciones por todas partes para ocultar la verdad. Y lo más inquietante: la reproducción de mensajes con amenazas suicidas e incluso de suicidios rituales. 
Soy moderadamente optimista, así que estoy segura de que, el día 22, España y el mundo amanecerán con su acostumbrada carga de crisis, temor y felicidad. Y en gran parte del planeta Tierra, el día 25, se celebrará la vigencia de un mensaje, el que trajo un tal Jesús de Nazaret, piedra angular de una de las tres religiones monoteístas, que sustituyeron los mitos ancestrales por la fe actual.