jueves, 1 de noviembre de 2012

De difuntos, Rufus Wainwright y García Lorca

¡Feliz día de los difuntos! Disfrutad de la resaca post Halloween o como se quiera llamar a esta festividad de la muerte triunfante, que es al fin y al cabo la última de las victorias en la batalla de las efímeras humanas vanidades.

El artista canadiense Rufus Wainwright.
Pocos tan vanidosos como el cantante canadiense Rufus Wainwright para poner música a la banda sonora de un día consagrado a la muerte. Y, ¡lo que es la vida!, pocas canciones dan en la diana con tanto acierto como el Hallelujah que escribió Leonard Cohen, pero que ha hecho universalmente famoso Rufus.

Dicen las malas lenguas que a Leonard Cohen nunca le gustó mucho la versión de Rufus, demasiado afectada… vino a decir. Quizá por eso, el destino le jugó una magistral jugada al premio Príncipe de Asturias 2011 y, hoy en día, Rufus Wainwright no sólo es quien mejor canta el Hallelujah que compuso Cohen, sino también el padre de su nieta Viva, pues cuando Rufus y su novio decidieron tener un hijo con una madre de adopción, ¿a quién se lo pidieron? ¡A Lorca Cohen, la hija de Leonard Cohen!
Federico García Lorca, poeta
 asesinado en la Guerra Civil española.
¿No es la vida una retorcida caja de sorpresas? Claro, que cuando Leonard Cohen le puso a su hija el nombre de Lorca, por el masacrado poeta granadino Federico García Lorca, bien podía haber intuido que la genealogía puede no ser una ciencia exacta, pero los árboles genealógicos sí que hunden sus raíces en lo profundo.

Tan profundo como fue enterrado y se deben de haber podrido ya los huesos de García Lorca, un cuerpo nunca encontrado, unido a los cientos de miles de españoles represaliados, masacrados, echados al olvido injusto por mor de una guerra terrible cuya épica dictaron los vencedores y cuyas heridas en ambos bandos, más de setenta años después de cerrar en falso, aún supuran.

Descansen en paz, si es que la paz es posible.