sábado, 27 de octubre de 2012

Los hombres de Jane Austen (II): Samuel Blackall

(Más sobre los hombres de Jane Austen aquí)


Samuel Blackall es una incógnita
más en la vida de Jane Austen.
En 2009, el historiador literario Andrew Norman publicó Jane Austen: An Unrequited Love, donde proclamaba que el auténtico amor de Jane Austen (1775-1817) fue un clérigo llamado Samuel Blackall, a quien la novelista conoció en 1798. De ese encuentro habló la escritora en una carta. “No parece probable que él venga a Hampshire estas Navidades, y es de suponer que nuestra indiferencia sea pronto mutua, a menos que su mirada, que al principio se encendió sin conocerme, se avive de nuevo sin verme”, escribió Jane.

Catherine Hubback, sobrina
de Jane Austen y escritora.
A pesar de esta “mutua indiferencia”, mucha gente piensa que Blackall fue el verdadero amor de la novelista. Así lo creía, por ejemplo, una de sus sobrinas, Catherine Hubback (1818-77), quien dejó escrito: “Si alguna vez estuvo enamorada, creo que fue del doctor Blackall, a quien conoció junto al mar… Sin duda ella lo admiraba profundamente, y quizá se arrepintió de haber separado sus caminos”. Esta sobrina de Jane fue también escritora y, de hecho, firmó una secuela de Los Watson que tituló La hermana pequeña. Sin mucho éxito literario y escasa trascendencia.

'Una inglesa en California',
de Catherine Hubback.
En cambio, la sobrina fue bastante más aventurera que la tía y, con 52 años, partió de Inglaterra rumbo a Estados Unidos. Fue hasta California en el ferrocarril transcontinental y se asentó en Ockland, en la orilla este de la bahía de San Francisco. Desde allí escribió numerosas cartas, recogidas luego en el libro Una inglesa en California. 

Otros dos sobrinos de Jane Austen, su biógrafo James Edward y la hermana de éste, Caroline, dudaban de la historia amorosa con Samuel Blackall. Según Caroline, su tía “siempre dijo que sus libros eran sus hijos, que le daban interés y felicidad más que suficientes; y en algunas de sus cartas, al hablar de las mujeres casadas, se felicitaba de su propia libertad".

¿Es posible saber, de verdad, por quién latía el corazón de Jane Austen? No. Está comprobado, eso sí, que tras su primer encuentro, Jane y Blackall se vieron de nuevo por casualidad, en 1802, en el mercado de la ciudad de Totnes (Devon). Al parecer, él estaba allí visitando a su hermano, que trabajaba como doctor. "Busqué en la ciudad y encontré a un doctor John Blackall registrado en Totnes, que resultó ser el hermano de Samuel", detalla el autor de An Unrequited Love, el historiador Andrew Norman, que es autor de otras biografías, como las de Arthur Conan Doyle, TS Lawrence y Sir Francis Drake.

Obra de Andrew Norman, que 'descubre'
el amor de Jane por un clérigo.

Todo este oscurantismo se produce porque la mayoría de cosas que se saben de la vida de Jane Austen se conocen por las cartas que intercambió con su hermana Cassandra (1774-1845), y apenas se conserva ninguna de los años 1801-1804. Andrew Norman, como muchos otros estudiosos, sostienen que Cassandra destruyó las misivas que contenían indiscreciones de Jane o asuntos banales. Incluso llega a sugerir que la autora y su hermana se distanciaron por el afecto del clérigo. Para Norman, está claro que Los Watson, de 1804 (historia de amor de una mujer destruida por una hermana “sin fe, sin honor ni escrúpulos, con tal de conseguir lo que se propone”) estaba basada en la disputa amorosa con Cassandra.

Aunque, en un poema de 1807, Jane habla en términos poco esperanzadores del amor ("Es la causa de muchas promesas / Humedece los ojos y enrojece la nariz / Y muy a menudo cambia a aquellos / que una vez fueron amigos en amargos enemigos”), es muy probable que nunca sepamos si estas líneas iban dedicadas a Samuel Blackall, a otro pretendiente, a un amor imposible o al Mr. Darcy universal. Si creemos a Deirdre Le Faye, considerada la biógrafa definitiva de Jane Austen, las conclusiones de Andrew Norman tienen poco sustento y el amor por el clérigo no habría sido tal.

A falta de otras pistas, a los lectores de Jane Austen nos quedan sus novelas y sus cartas. Su experiencia y su mapa preciso con las coordenadas certeras de una clase de amor, galante y trasnochado, sí, pero amor universal.