jueves, 6 de septiembre de 2012

Viaje a Portugal (I): Coimbra, Conimbriga y Tomar

Portugal es un vecino cercano y amable, de recia historia, bellos paisajes y gran riqueza cultural. Sin embargo, pese a la proximidad en kilómetros y al pasado común, los españoles vivimos de espaldas a los portugueses. Para remediarlo, en la primera parte de mis vacaciones, una semana larga en julio, mi compañero de fatigas y yo escogimos Portugal.

Salimos de Madrid el día 21 y la primera parada fue Guarda para comer y visitar su catedral de columnas manuelinas (variación lusa del Renacimiento) en el crucero. Se celebraba una boda, no muy distinta de las españolas con su corte de mujeres subidas a tacones imposibles, vestidos de gasa y pamelas.

Atmósfera de misterio en el barrio medieval
de Coimbra, cerca de la catedral vieja
Llegamos a Coimbra sobre las cinco de la tarde, una hora perfecta para desembarcar en el hotel Don Luis -en una loma frente a la ciudad vieja- y hacer el recorrido exterior a pie por la Universidad, las catedrales vieja y nueva y el río. La casualidad nos llevó al Café de Santa Cruz, donde cada sábado se cantan fados. Es un local bellísimo que ocupa una antigua capilla de la vecina iglesia de Santa Cruz. Tiene terraza y precios bajos para bolsillos de Madrid. Un ejemplo: tres tercios de cerveza negra Super Bock y un plato de queso, concierto incluido, por 13 euros.
Al día siguiente, aprovechando que era domingo, visitamos el interior de las iglesias. Para mí, la más bonita es la de Santa Cruz, de planta románica, donde están enterrados los dos primeros reyes de Portugal, Alfonso Henríquez y Sancho I.

Grafitis anticrisis en el barrio alto de Coimbra.
La catedral vieja de Coimbra es una maravilla, luminosa, sencilla y armoniosa, pero la catedral nueva es decepcionante. Nosotros subimos la empinada cuesta y, si no llega a ser porque bajando de vuelta al párking vimos los edificios habitados por universitarios y descubrimos varios grafitis, no habría merecido la pena.

Muralla y ruinas romanas de Conimbriga.
Al yacimiento romano de Conimbriga llegamos a la hora del almuerzo y, desafiando a la cordura y al tremendo calor que hacía, decidimos comer antes de emprender la visita. Total, ¿qué diferencia podía haber entre los 38 grados de las 13 horas y los 39 de las 14.30 horas?
Mosaico de la Casa de las Fuentes
(ruinas romanas de Conimbriga) 
 
Así que nos sentamos en el agradable y fresquito bufé y probamos un poco de todo: garbanzos con bacalao, patatas asadas, pescado, pulpo a la brasa, ensalada, postres y... vino blanco, por supuesto.
Disfruté muchísimo Conimbriga, pese al calor agobiante y al aire que quemaba la piel. Son impresionantes las termas del sur, la muralla defensiva, el foro, los peristilos con columnas y, sobre todo, los mosaicos de la Casa de las Fuentes, con sus magníficas escenas de caza, animales, sirenas, máscaras y diablos.


Castillo templario Convento de Cristo (Tomar).
El día 23, tercero de nuestro periplo portugués, dejamos Coimbra para detenernos en Tomar, en el Convento de Cristo, un castillo templario del siglo XII con elementos de todas las épocas, que se yergue en una colina. Son sorprendentes su Charola, el primitivo templo románico de los templarios, del siglo XII; los siete claustros; el dormitorio grande de los monjes, del siglo XVI; y la famosa ventana manuelina, de estilo gótico tardío, con su Árbol de la Vida.
Sinagoga de Tomar.
Empapados de historia de templarios, reyes y monjes, bajamos a ver la Sinagoga de Tomar, la más antigua de Portugal y una auténtica joya del arte y de la oración. Una señora amabilísima nos contó la historia del edificio, de mediados del siglo X. Monumento nacional desde 1921, la Sinagoga alberga un museo con lápidas funerarias, alhajas religiosas y recuerdos de visitantes.

Comimos junto al río, en la terraza bajo las glicinias del restaurante Bela Vista. Eran poco más de las 12, así que fuimos los primeros clientes, pero cuando pagamos la cuenta ya había varias familias haciendo cola. Nos esperaba la carretera rumbo a Nazaré.

Continuará...