lunes, 16 de julio de 2012

Un Da Vinci y El Bosco en el museo Lázaro Galdiano

En el número 122 de la calle Serrano, justo en la esquina con López de Hoyos, se halla la  Fundación Lázaro Galdiano, uno de los museos más ricos, atractivos y heterogéneos de Madrid. Y en el segundo piso, en la sala 15, cuelga un óleo sobre tabla de pequeñas dimensiones, pintado sobre los años 1490-95, atribuido hoy al artista milanés Giovanni Antonio Boltraffio y sobre el que siempre planea la autoría del genial Leonardo da Vinci.

'El Salvador adolescente' (círculo
de Leonardo da Vinci) en Madrid.
Y es que El Salvador adolescente fue realizado a partir de una idea de Leonardo, quien lo dibujó de su propia mano y lo dio a pintar a uno de sus mejores discípulos: Boltraffio. Según coinciden la mayoría de los expertos, el mismo Da Vinci habría supervisado el pincel de su aprendiz mientras éste aplicaba el característico sfumatto a la figura y rostro de Cristo y dosificaba los claroscuros de la tela, en una colaboración artística con el maestro renacentista de la que surgió otra obra maestra: Madonna Litta, hoy exhibida en el museo Hermitage de San Petersburgo.

Primer plano del rostro andrógino del
Salvador adolescente (museo Lázaro Galdiano) 

La corresponsabilidad en la autoría y la estrecha colaboración entre Leonardo y su alumno están probadas, motivo por el cual, el pasado invierno, El Salvador adolescente dejó el Lázaro Galdiano para viajar hasta Londres. Allí la tabla madrileña se codeó con piezas maestras de Leonardo llegadas del mundo entero para la muestra de la  National Gallery 'Leonardo da Vinci: pintor en la Corte de Milán'. Yo me quedé con las ganas, porque las entradas se agotaron en seguida. Pero unos días atrás pude recrearme con este joven Cristo, pintado de frente, cabellos sobre los hombros, boca entreabierta como a punto de exhalar un suspiro o un pensamiento terrenal. Su rostro es andrógino, como los pintaba Leonardo, y su mirada se pierde en el infinito, ambigua como la de la propia Gioconda del Louvre parisino. 

El Salvador adolescente fue comprado por José Lázaro Galdiano para su casa-museo-palacio en 1898-99, por 850 pesetas, a un anticuario madrileño, a quien a vez le había llegado de un convento en tierras de Valladolid. Es una pintura exquisita, de una belleza sutil que desarma.


'Meditación de San Juan Bautista'
(El Bosco, museo Lázaro Galdiano) 
Si el óleo leonardesco es, para mí, el cuadro más enigmático y bello del museo, también me fascinó contemplar la Meditación de San Juan Bautista, de El Bosco. Como otras obras suyas que guarda El Prado, esta joya del siglo XV encierra su propio misterio. No se aprecia a simple vista, sólo los rayos infrarrojos son capaces de verlo, pero bajo el fruto bulboso de forma ocular que hay junto a San Juan se oculta la figura de un donante que El Bosco decidió tapar, quizá porque no le pagó sus honorarios.

Donante tapado por El Bosco en
la 'Meditación de San Juan'.
El recorrido por el museo Lázaro Galdiano depara extraordinarias sorpresas. Obras de Goya como La era Las brujas, cuadros de El Greco, Murillo o Federico de Madrazo, tablas medievales, arte español de los siglos XVI al XIX, armas, bronces, muebles de madera, pequeños cofres, monedas, cálices de plata... Y el edificio en sí con su jardín y su historia. Pero eso lo dejo para otro día.