martes, 3 de julio de 2012

Ángeles y demonios de William Blake anidan en Madrid

William Blake (1757-1827) es una de las figuras más importantes en la cultura británica. A lo largo de toda su carrera sostuvo que el arte era imaginativo y profético, libre de cualquier dogma académico, social o religioso. Se le reverencia como artista integral, ya que fue poeta, pintor, impresor e ilustrador, además de creador de un sistema cosmológico propio donde el espectador entra como a un mundo de ensueño, un reino mítico con fuerzas del bien y del mal en lucha constante.

Cuadro 'El ángel bueno y el ángel malo'
(William Blake, 1805)
El arte de Blake es calificado a menudo de “visionario”, con una clara inspiración gótica que también recuerda al genial Miguel Ángel, sobre todo por la musculatura de las figuras y los escorzos a los que las somete. Es la suya una pintura de líneas puras y fuertes, de colorido peculiar, que enamora o desencanta, sin término medio.

'La noche de la alegría de Enitharmon' (1795).
Todo eso puede verse en Madrid desde mañana, en la muestra William Blake. Visiones del arte británico, en el espacio expositivo Caixaforum. Entre los cuadros, que han viajado a la capital desde Londres, figuran las famosas series de escenas que Blake realizó para la Biblia así como las ilustraciones para el Libro de Job y La Divina Comedia. También hay una selección de sus libros proféticos: extensos poemas iluminados que quizá sean sus obras más complejas. La muestra se completa con trabajos de otros artistas influidos por Blake, en especial, algunos Prerrafaelitas y Neorrománticos.

'Dios juzgando a Adán' (W. Blake, 1795).
En total, más de ochenta obras prestadas por la Tate Britain (Londres) que reflejan la raíz de su arte visionario: mitologías propias, fantasías y delirios con el acento en los temas religiosos, políticos y sociales. Blake fue un hombre de su tiempo y, como tal, aplicó su arte para ilustrar trabajos propios y ajenos, como el Paraíso perdido de Milton, uno de sus libros de cabecera.
Novela de Tracy Chevalier
sobre el mundo de Blake.
Blake es precisamente el motivo de una de las novelas históricas de mi admirada Tracy Chevalier, a la que conocí nada más llegar a Londres, en el verano de 2010, en una conferencia, y con la que pude intercambiar unas palabras sobre nada en particular, ¡así de nerviosa estaba yo frente a la escritora!

La trama de El maestro de la inocencia sucede en Londres a finales del siglo XVIII y aúna intriga familiar y relato iniciático, que es algo así como la marca de la casa Chevalier. Los protagonistas son tres jóvenes que experimentan el amor y la libertad de vivir en una gran ciudad brillante y convulsa, al tiempo que conocen a William Blake, del que se convierten en ayudantes.
 
Pero no todo es fulgor en esta novela, como el lector comprueba ya desde la primera incursión en las bulliciosas calles de Londres, con sus sucias fábricas y barrios de trabajadores contagiados de la inestabilidad política tras la Revolución Francesa. Con ese trasfondo, la novela de Chevalier explora el laberíntico universo de Blake, como ya antes hizo con el mundo del pintor Vermeer en La joven de la perla o el de la cazadora de fósiles Mary Anning en Las huellas de la vida.