viernes, 27 de abril de 2012

Jane Austen, Bath y la sombra del Príncipe Regente

(Más sobre Jane Austen aquí)

Agua caliente, sulfurosa (Pump Room)
He estado en Bath dos veces: la primera, en el año 2000, en un recorrido literario por el sur de Inglaterra ideado y disfrutado junto a mi compañero de fatigas; y la segunda, en julio de 2010, en un viaje exprés con mis colegas estudiantes de International House Londres (de hecho, el profesor de melena y barba de la foto me dio clase durante dos semanas). La primera vez que visité Bath no tuve tiempo de ir a los sitios ligados a Jane Austen (1775-1817), pero la segunda sí pude rastrear los pasos de la escritora por esta ciudad balnearia, donde vivió con su padre, su madre y su hermana Cassandra, de 1801 a 1806.
Catedral de Bath con ángeles escalando. 

La familia Austen habitó hasta en cuatro casas diferentes en Bath, y quizá sea esa la razón por la que Jane nunca llegó a encajar del todo en la bulliciosa estación termal. Pese a ello, varios capítulos de sus novelas Emma y Persuasión están ambientados allí, sobre todo en los baños romanos, donde se iba a beber las aguas sulfurosas, pasear por calles y salones, y tomar el té endulzado con cotilleos. Entonces, como ahora, una visita imprescindible era la catedral, en cuya fachada hay esculpidas dos escaleras por las que trepa una docena de diligentes ángeles.

 
Curiosa entrada del Centro Jane Austen (Bath).
Hoy en día, una de las atracciones de Bath es el Centro Jane Austen, espacio dedicado a su figura que es, a la vez, un museo con objetos, trajes y documentación sobre la vida en la ciudad en los siglos XVIII y XIX. En el primer piso hay un salón de té, dieciochesco, con camareras de cofia y delantal. Pese a la lista de espera, allí me tomé un Twinings a la bergamota.



Pump Room (Bath), como era en época de Jane Austen.
Los amantes del universo Austen estarán encantados en este centro, donde se exhiben divertidos sombreros de la época, junto a planos de casas y mapas de las zonas ligadas a la memoria de la familia, amén de cartas, libros y papeles, que ilustran el pasado de Bath y de su aristocracia.


Tocado y vestido como los de Jane Austen. 
Un hecho curioso que aprendí en mi visita al Centro Jane Austen de Bath fue por qué le dedicó un libro al entonces Príncipe Regente (1762-1830) y posterior rey Jorge IV, reconocido mujeriego, extravagante y terco, del que se decía que, cuando conquistaba una mujer, le cortaba un mechón de pelo, que guardaba en un sobre con el nombre de la dama (al morir tenía 7.000 sobres con cabellos).  Pues bien, sucedió así: Jane Austen empezó a escribir su novela Emma, protagonizada por la pizpireta metomentodo y casamentera vocacional Emma Woodhouse, en 1814, y la acabó al año siguiente. En agosto de 1815, le entregó el manuscrito a su editor londinense, John Murray, y poco después, con Emma en la imprenta, Jane se fue a pasar unos días en Londres con su hermano Henry.


Salón de la época en el Centro Jane Austen.
En la capital, Jane enfermó seriamente y tuvo que realizar una visita al doctor Baillie, que resultó ser el médico del Príncipe Regente. Mientras la trataba, el doctor le confió que el príncipe era un ferviente admirador de sus novelas, al punto de que tenía un set con sus obras en cada una de sus residencias. Baillie le prometió que el bibliotecario del príncipe, James Stanier Clarke, la citaría para una audiencia, y en efecto, el 15 de noviembre, Jane fue invitada a Calton House, donde Stanier dejó a su discreción la dedicatoria.

Tras mucha resistencia y no pocas dudas, la escritora cedió a los dictados de la conveniencia y, cuando Emma se publicó, llevaba estampada una dedicatoria a Su Alteza Real, que causó gran sorpresa. Lo que no deja de ser paradójico, pues Emma es, precisamente, la única novela de Jane Austen con una protagonista adinerada, que no desea casarse y dice que el amor está bien, pero para los demás. Aunque también ella, al final, entregara su corazón.