lunes, 2 de abril de 2012

Dinosaurios y dragones que pastan en las nubes

“El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca mirando al cielo”. La frase, de Ramón Gómez de la Serna, la citó el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en un acto el pasado septiembre, y causó tanta hilaridad como enfado, por su falta de tacto con la lluvia de parados que nos está cayendo. 

Delfín en su acuario de nubes azules.
Pero lo cierto es que mirar al cielo, otear las nubes y descubrir o inventarse las mil y una formas que adoptan es una actividad de lo más sana, divertida y relajante. No sólo para los niños. Y si no, que se lo pregunten a los miembros de esta Sociedad de Amigos de las Nubes, que se dedican a auscultar los cielos del mundo entero en busca de la forma perfecta. Como el delfín de la imagen, capturado en pleno salto en Sausalito (California), con su hocico husmeando las alturas y su aleta y su cola impulsando el grácil movimiento de su fugaz forma corpórea, hecha de pequeñas partículas de agua suspendidas en la parte baja de la atmósfera. 
Dinosaurio -quizá dragón- avistado en Holanda.
Peces, dinosaurios, ratas, caballos, dragones… y un sinfín de formas más o menos precisas emergen de las cámaras fotográficas de los miembros de esta sociedad. Hay nubes que se prestan a más de una interpretación, como la de la derecha, que para casi todo el mundo es un dinosaurio, y en la que a mí me parece ver a un dragón.

Curiosa chimenea de nubes.
Por descontado, no todas las nubes esculpidas son tan bonitas, pero sí, desde luego, únicas en su especie. Basta mirar la curiosa estampa de esta aparente columna de humo, hecha a base de jirones de nubes, en una alineación completa con la chimenea de la casa. La ilusión óptica es perfecta. Y lo mejor de todo es que, para descubrir estas maravillas de la naturaleza, no hace falta una gran concentración, ni siquiera la hamaca que decía Ramón Gómez de la Serna; tan sólo algo de tiempo libre y ganas de soltar lastre.

Catarata de nubes sobre Ginebra.
Me gusta mucho esta catarata de nubes sobre Ginebra, quizá porque me recuerda que así, colgada en las nubes, es como he pasado -y paso todavía- muchas, buenas y productivas horas de mi vida: en los cielos de la ingravidez, sintiéndome liviana en mi cama de perezosas nubes blancas. Y, muy a menudo, escuchando a ese gran cazador de nubes que es Silvio Rodríguez, aquí en directo con Pablo Milanés, cantando Rabo de nube. “Si me dijeran: “Pide un deseo”, preferiría un rabo de nube… Un torbellino en el suelo y una gran ira que sube… Un barredor de tristezas… Un aguacero en venganza… Que cuando escampe parezca nuestra esperanza”.


 

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