domingo, 26 de febrero de 2012

Mis rincones griegos (II): Mikonos, entre molinos y pelícanos

(Mis rincones griegos (I): Santorini, Naxos y Paros)

Molinos de Mikonos vistos desde Little Venice.
Mikonos es la isla más popular de Grecia, con sus molinos de viento de blanco deslumbrante, su laberinto de callejuelas impecables, sus casitas encaladas y el azul de sus ventanas. Es también la isla más comercial, y aunque hace tiempo que dejó de ser el paraíso gay de los 60 y 70, su animada vida nocturna y las playas de moda siguen atrayendo a turistas del mundo entero. Paseando por sus calles hoy, nadie diría que fue una isla pobre hasta el auge del turismo en los años 50.

Calle típica de Mikonos.
Llegué a Mikonos por primera vez en 1999, desde la vecina isla de Naxos, en uno de los Flying Dolphin que hacían -y hacen- el recorrido por poco más de 30 euros y en apenas 40 minutos. Sin haber reservado hotel, y en plena temporada turística, el único alojamiento que pudimos encontrar en Mikonos fue uno de los apartamentos turísticos adosados al hotel Leto, cuya piscina e instalaciones nos dejaban usar, pese a no ser clientes VIP.

Velero, atardecer en Mikonos.
La segunda vez que fui a Mikonos corría el año 2005 y llegué desde Atenas, también en barco rápido. Como había aprendido la lección, en esta ocasión sí había reservado hotel, aunque a la postre me dio igual, ya que por mor del overbooking acabaron alojándonos en el hotel Kouros, bastante más alejado del centro, pero eso si, de categoría superior, con una piscina increíble, una terraza donde los atardeceres se demoraban y un dormitorio en altillo con una ventana a ras de cama asomada al mar.

Pelícano en Little Venice (Mikonos).
Lo mío con Mikonos y su fotogénico puerto fue un flechazo desde el principio. También me encanta Little Venice, repleta de restaurantes y bares de copas, donde se agolpa gente para comer y cenar, tomar un helado o, simplemente, para sentarse a ver la vida pasar. Me gustan los pintorescos molinos de viento, reconvertidos en carísimas casitas de alquiler, y disfruto con los altivos pelícanos, que se pasean con entera libertad por las calles, dignos herederos del famoso pelícano Petros, hoy disecado y exhibido en un museo.

Terraza del restaurante Sea Satin Market Caprice.

Precisamente, bajo los molinos está el restaurante que más me gusta de Mikonos: el Caprice Sea Satin Market, ideal para cenar a la puesta de sol. El maître acompaña al cliente para que éste elija la pieza de pescado que más le apetezca y, tras pesarla, es asada en un horno de leña. Es algo caro, pero las vistas valen cada céntimo de euro.

Elia Beach, un secreto bien guardado. 

¿Y qué decir de las playas de Mikonos? Paradise, Superparadise... Arena blanca, música, jovenes con ganas de marcha, el equivalente griego de Ibiza. En mi primera visita, fui a las dos playas, es casi obligado. Pero en 2005 quise explorar otras opciones y, tras probar en la renombrada Platys Gialos, que me desencantó, acabé cogiendo el autobús a Elia, a 10 Km. de la capital. Elia es la mayor playa arenosa de Mikonos, con tabernas e instalaciones de deportes náuticos. Y lo mejor: tiene una parte nudista, más frecuentada por gays que por familias, donde la tolerancia es denominador común. Una de las pocas familias que me encontré allí era… ¡catalana!

Terraza de los Leones, en la isla-santuario de Delos.
En el capítulo cultural, toda visita a Mikonos debe incluir una excursión de medio día a la isla-santuario de Delos, patrimonio de la Humanidad y terreno abonado para el mito. Se puede ir en un pintoresco caique, que une las dos islas en hora y media, si el viento lo permite. Yo fui de una forma más rápida y barata, en los barcos que salen a las 8.30-9.30 y regresan hacia las 12.30. La travesía dura media hora.

Esculturas fálicas de Delos.
Delos es hoy una isla-museo donde no hay hoteles ni se puede acampar, árida, despoblada. Dentro del recinto arqueológico, conviene estar bien surtido de crema solar y bebidas frías, pues existe una sola cafetería en la recepción-albergue y hay que subir a la cima del monte sin deshidratarse. Yo, por supuesto, me quemé la cara y los brazos por no hacer caso de lo que ahora recomiendo. Cosas que ver en Delos hay muchas, aunque la mayoría, claro, son ruinas. Destacan la imponente Terraza de los Leones, la Casa de las Máscaras y los templos de Apolo, así como unas curiosas esculturas de formas fálicas, cuyo significado los arqueólogos aún tratan de desentrañar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario