lunes, 20 de febrero de 2012

Mis rincones griegos (I). Santorini, Naxos y Paros o cómo rozar la eternidad con la punta de los dedos

Capilla encalada de Santorini.
Hay varios sitios en los que siento que es posible rozar la eternidad con los dedos. Uno de ellos es Santorini, una isla-cráter de belleza sobrecogedora en mitad del Mediterráneo. Su aspecto de media luna se debe a una colosal erupción volcánica, que hundió el centro de la isla en 1450 a.C. y abrió en su interior un imponente cráter. El estallido del volcán fue tan tremendo, y el maremoto que provocó tan gigantesco, que asoló el Mediterráneo y arrasó el palacio de Cnossos, en Creta. Desde 1450 a.C, la capital de Santorini, Thera, levita sobre un largo acantilado de 60 a 120 metros de alto, sobre el cual se desperezan casas de blancas fachadas y azules cúpulas. El turismo de cruceros la abarrota en verano, pero siempre hay rincones donde resguardarse de la marea humana.

Caldera del volcán de Santorini (Cícladas, Grecia).
He estado en Santorini dos veces: en 1999 y en 2005. Las dos veces venía de Creta y llegué en un barco rápido de la compañía Flying Dolphin, que ahora patrocina Vodafone. Son como autobuses que navegan, conectando Creta con el continente (El Pireo o Rafina) una vez al día en cada sentido. Para mí, la mejor opción para visitar las Cícladas haciendo escalas en las islas, aunque en 2005 la travesía entre Creta y Santorini -unas tres horas por 50 euros- fue de aúpa y acabé vomitando, un poco por el oleaje y otro poco por miedo a zozobrar. Los barcos atracan en Athinios, a 10 kilómetros de la capital, Thera, pero hay autobuses regulares. Atención: en el puerto hay oficinas de reservas hoteleras, y en algunas aseguran que los hoteles en la capital están llenos y proponen otros en playas y campings más alejados.


Red Beach, en Santorini (Grecia).
La isla entera se puede recorrer en autobús, coche o moto de alquiler, incluso en quad. Las playas principales y los recintos arqueológicos son perfectamente accesibles en autobús, por poco dinero, aunque es frecuente tener que ir de pie y sin aire acondicionado. ¡Estamos en Grecia y es parte del encanto! Así fui, por ejemplo, a las ruinas de la antigua Thera, en el suroeste, y a Akrotiri, en el sureste. En este último recinto se hallaron los frescos de Los pescadores, Los boxeadores y Los antílopes, que hoy se exhiben en el Museo Arqueológico de Atenas. Desde Akrotiri, además, se llega andando a la Red Beach, recóndita y estrecha playa de rocas volcánicas rojas y negras, con arena del mismo color.

Restaurante con vistas a la caldera de Santorini.
En Santorini hay mucho turismo de jóvenes mochileros, que suelen escoger los cámpings del sur y sureste, por lo que hay una amplia variedad de tabernas y cafés donde degustar el buen vino tinto de la isla o comer souvlaki, a precios asequibles. Pero a Santorini llegan también muchos visitantes de bolsillo generoso, que al atardecer van a contemplar la puesta del sol a las terrazas o a cenar en algún restaurante sobre la caldera del volcán. Hay quien dice, por ejemplo, que la mejor puesta de sol se ve desde el pueblo de Oia, a quince minutos en autobús desde la capital. Yo estuve en Oia, pero el sol ya se había puesto, así que no puedo juzgar, aunque tampoco lo lamento porque en Thera contemplé atardeceres espectaculares. 

A dos horas y media en barco de Santorini está Naxos, la mayor de las islas Cícladas. De inusitada riqueza agrícola, está salpicada de capillas, castillos en ruinas y monasterios. La influencia veneciana se nota sobre todo en el puerto y en la estructura de la capital, Chora. Espléndidas casas señoriales flanquean las calles que conducen a la cima de la colina, donde los restos de un castillo veneciano y un museo arqueológico hablan de otros tiempos. Por supuesto, típicos restaurantes y coloristas tabernas salpican las calles con sus manteles de cuadros rojos y blancos, sus techos de hoja de parra y el delicioso aroma a pita y mousaka.

Parikia, capital de Paros (Grecia).

Desde Naxos se puede visitar la vecina isla de Paros, donde se produce el mármol más hermoso del mundo, con el que construyó Pericles la Acrópolis de Atenas y se esculpió la Venus de Milo. Un paseo por la capital, Parikia, transcurre entre tiendas de souvenirs más o menos adocenadas, hasta la iglesia de Panagia Hekatondapyliani, en cuyo museo hay una tabla de mármol con la fecha (improbable) de nacimiento de Homero.

En cualquiera de estas tres islas, Cícladas en estado puro, conviene reservar algún tiempo para tomar un café frappé, probar el ouzo (aguardiente típico) y el retsina, un vino blanco ligero con sabor resinoso.

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