viernes, 10 de febrero de 2012

Fósiles, mitos y monstruos marinos

Durante muchos cientos de años, los hallazgos de fósiles alimentaron la mitología popular. Los griegos creían que los huesos de dinosaurios y mamuts eran huesos humanos, reliquias de un tiempo en que los hombres eran gigantes. En Gran Bretaña e Irlanda, se decía que las amonitas eran serpientes convertidas en piedra por Santa Gilda o San Patricio, y que las colas de los trilobites eran mariposas que Merlín había petrificado. A los fósiles se les atribuía, en fin, poderes especiales como proteger contra el veneno, los relámpagos y los espíritus malignos.

Fósil descubierto por Mary Anning (Londres)
En el  siglo XVII se descubrió que los fósiles tenían un contexto biológico y podían explicar el origen de la vida, lo que desató, en los dos siglos siguientes, una verdadera locura por coleccionarlos. Una de las pioneras en su estudio fue la paleontóloga y comerciante inglesa Mary Anning (1799-1847), que hizo grandes hallazgos del Jurásico en Lyme Regis, donde vivía. De Mary Anning ya escribí, tras descubrirla en el Museo de Ciencias Naturales de Londres, donde se exhiben algunos de sus monstruos marinos.

Siguiendo la pista de los seres prehistóricos de Mary Anning, una mañana de julio de 2010 me fui al mercado de Notting Hill, en Portobello Road, donde compré dos fósiles. Son pequeños y uno está incompleto, pero me fascina sostenerlos en la mano, como si aún latiera en ellos el espíritu de esos animales milenarios.

Fósil de trilobite (550 millones de años). 
El trilobite me costó 15 libras, procede del yacimiento de Utah (Estados Unidos) y tiene 550 millones de años. Como se aprecia en la foto, mi ejemplar es muy pequeño, parecido a una cochinilla, pero también existían trilobites grandes como platos, otros del tamaño de un camarón e incluso menores que un guisante. Vivían en todo tipo de aguas, hasta en las muy profundas sin luz. Los había cubiertos de espinas y completamente lisos, con una anatomía que atestigua su parentesco con arañas y escorpiones.

Estos organismos aparecieron de forma súbita en el período Cámbrico inferior, hace unos 522 millones de años, y desaparecieron 270 millones de años después, durante la gran extinción que acabó con el noventa y cinco por ciento de las especies acuáticas.

Fósil de amonita (170 millones de años).
En Portobello Road compré también esta amonita dactylioceras, de 170 millones de años, hallada en Whitby (Reino Unido). Durante el Jurásico, Whitby era el hogar tropical de cientos de criaturas, entre ellas las amonitas, que son hoy día el grupo más numeroso de fósiles. Las amonitas se extinguieron a la vez que los dinosaurios, hace 65 millones de años. Tenían cierto parecido con los calamares y vivían en el interior de conchas con forma de espiral. Unas conchas que crecían constantemente conforme el animal se hacía adulto y que podían alcanzar el tamaño de la rueda de un camión.

Huella de amonita en la sierra del Torcal (Málaga).
Las amonitas completas y en perfecto estado de conservación son espectaculares. Como espectacular es hallarse en plena naturaleza la huella impresa en piedra de un fósil. Este se encuentra en la sierra del Torcal, en la provincia de Málaga, y atestigua que hace millones de años el mar llegaba hasta allí. Son la prueba viviente de que las crestas rocosas del Kárstico, que hoy se yerguen sobre el pueblo de Villanueva de la Concepción, fueron un día el lecho de un mar poblado por fascinantes y enigmáticos monstruos marinos.

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