domingo, 15 de enero de 2012

Los árboles carnales de Séraphine Louis

Séraphine Louis (1864-1934), pintora francesa naïf.
Este fin de semana, de faringitis y reposo voluntario en casa, he visto varias películas, y una de ellas, la francesa Séraphineme ha descubierto a una enigmática pintora naïf, que en esta película, ganadora de siete premios César en 2008, interpreta la actriz Yolande Moreau.

Séraphine Louis (1864-1934) es también conocida como Séraphine Senlis, ya que fue en esa ciudad francesa donde vivió y pintó hasta su muerte, que le llegó en el asilo de Clermont, donde fue recluida cuando perdió el rastro de la realidad.

Wilhem Uhde, retratado por Helmut Kolle.
Cuenta la leyenda que Séraphine, quien jamás estudió pintura y trabajó toda su vida como sirvienta, empezó a pintar porque su Ángel de la Guarda así se lo ordenó. La descubrió en Senlis el mismo coleccionista de arte que descubrió a Picasso: Wilhem Uhde, un marchante alemán que, impresionado por la desbordante imaginación de Rousseau, seguía por Francia la huella de los modernos primitivos o naïf.

Ramas, hojas y frutos centran la obra de Séraphine
Séraphine y Wilhem Uhde se conocieron en el año 1912, cuando ella comenzó a limpiar la casa que el alemán había alquilado en Senlis. Según relataría Uhde, no sabía nada del talento de Séraphine hasta que una noche, impresionado por un bodegón de manzanas que vio en casa de un amigo, y al preguntar quién era el pintor, descubrió a su sirvienta-artista. Desde entonces, y pese al intervalo de la I Guerra Mundial -que obligó a Uhde a huir de Francia-, Wilhem Uhde se aseguró de que los ramos de flores que comenzó pintando Séraphine crecieran hasta convertirse en poderosos árboles de fantasía.

'El árbol del paraíso' (Séraphine Louis)
Todo en la vida de Séraphine fue misterio y reclusión, hasta el punto de que guardaba el secreto de su pintura y nadie podía verla ni siquiera mientras mezclaba colores o preparaba el lienzo. Vivía y pintaba en una habitación pequeña, con apenas espacio para los botes y utensilios, y sobre la modesta chimenea del cuarto ardía siempre una luz para la Virgen, de la que era devota, lo mismo que de los ángeles.

La obra de Séraphine es muy peculiar, tanto por la técnica como por el colorido y la temática. Casi todos sus cuadros se componen de ramilletes de plantas con una textura casi carnal, y en muchos de ellos, los frutos aparecen rodeados de pestañas, de plumas coloreadas y ojos que se abren tras el verdor. De una belleza enigmática y sobrecogedora, exótica y deslumbrante.





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