domingo, 8 de enero de 2012

Domingo al sol en la Cebada de La Latina

La Latina, como Chueca o Malasaña, es un barrio que siempre está de moda en Madrid, un barrio vivo que se reinventa desde hace más de 20 años. Hay mucha gente mayor -afortunadamente- y muchos críos de escuela, también bastantes turistas de los de mapa en mano, y los fines de semana se convierte en un hormiguero gigante de catadores de bares y tabernas.

Campo de Cebada (La Latina, Madrid).
En los últimos meses, hay un nuevo foco de atención en La Latina: el Campo de Cebada, asentado justo donde años ha estuvo la piscina cubierta del barrio, que el Gallardón más faraónico se apresuró a derribar para levantar uno de sus quiméricos planes y que se atascó antes incluso de la crisis, esfumado como una pompa de jabón.

Cultura sin subvención en La Latina.
En esa explanada de cemento, rasa como una herida abierta adosada al mercado de la Cebada, que languidece por falta de dinero para su rehabilitación -y por la codicia municipal, que busca mejor postor para el centro comercial que finalmente se instalará allí-, se reúnen los fines de semana dibujantes, artistas, cantautores, agitadores, jóvenes y gente del barrio en busca de un lugar donde sentarse al sol.

Grafiti del Campo de Cebada (La Latina).
Hoy en el Campo de Cebada tocaban varios músicos, sin focos ni demasiado sonido, para un auditorio improvisado que disfrutaba del buen tiempo y del sol, materias ambas, gratis.Y, pese a que no hay césped ni agua, ni siquiera una simple maceta, reconforta ver que la presión popular ha logrado que el mismo ayuntamiento que se cargó la piscina y el gimnasio -con prisa y alevosía- ceda temporalmente el uso de esta zona, mientras llegan los millones que prometió Gallardón, varios años antes de saber que Rajoy lo mudaría de Cibeles al Ministerio de Justicia.

Acabar la obra prometida en La Cebada también es de Justicia.

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