jueves, 15 de diciembre de 2011

Grafitis, arte y un trampantojo en París

Acabo de regresar de unas minivacaciones en París, a donde me he escapado aprovechando el post-puente de la Constitución. No sé si será por la crisis o por el miedo a que todo empeore aún más, pero lo cierto es que la Ciudad de la Luz, esta Navidad, brillaría poco si no fuera por el tenue resplandor comercial de los Campos Elíseos y el haz de luz giratoria a modo de faro en que hace tiempo han convertido la Torre Eiffel.

Alejandro el Grande.
Todo amante del arte que vaya a París este invierno debe ver varias exposiciones: la que el Louvre dedica a Alejandro el Grande y Macedonia; la que descubre la vida del príncipe medieval Gaston Fébus, en el museo de Cluny; la muestra multitudinaria sobre Fra Angelico, en el Jacquemar-André; y la del Orsay sobre prerrafaelitas. Eso, como mínimo, y para la de Fra Angelico hay que reservar. Eso sí, aviso a periodistas: tienen entrada gratuita con sólo mostrar en taquilla la tarjeta o acreditación, y en el caso del Louvre, enseñarla directamente en las alas Denon, Sully y Richelieu.

Grafiti en la plaza junto al Cloître-Saint-Merri.


Recorrer las calles de París es un placer para los sentidos, y más cuando hace tan buen tiempo como estos días, de un sol espléndido y cálido, bajo cielos azules y no menos de 7 grados centígrados. Incluso de noche y junto al Sena, he podido pasear sin gorro.

Grafiti en la calle Saint-Merri.


Una sorpresa inesperada han sido los grafitis que me he encontrado en varios puntos de la ciudad, ese arte callejero al que me aficioné en Londres y que en mi barrio madrileño de La Latina también prolifera. En París encontré varias fachadas cubiertas por entero de grafitis, como el de la imagen superior, y también pequeños dibujos, reivindicativos unos, irónicos otros, alegóricos o simplemente de perfil estético. Tanto el rostro de niño de la derecha, como el monumental de la imagen superior, están junto a la iglesia de Saint-Merri, al lado del Pompidou.

Trampantojo en St. André-des-Arts.
En la zona de Saint-André-des-Arts, en el corazón del Barrio Latino, no sólo hay turistas deambulando por los puestos callejeros de crêpes, pitas o falafeles, o tiendas de recuerdos horteras. Además de los cafés y brasseries históricos, como Les Deux Magots, donde coger un buen sitio es casi imposible, hay muchos estudiantes y gente del barrio que tratan de hacer su vida al margen de los que vamos de paso. En esta plaza al inicio de la calle, me sorprendió este trampantojo, con ramas de árbol pintadas sobre una fachada que, como se ve, sin las hojas tendría muy poca gracia.

Arte urbano en St. André.
Otro tipo de arte callejero que me parece especialmente simpático es el que, a base de pintadas de espíritu más gamberro, altera levemente la iconografía del mobiliario urbano, o incluso las señales de tráfico -por ejemplo, abundan las reinterpretaciones de las de "prohibición"-, con unas pinceladas tan sutiles que los cambios pueden pasar desapercibidos al ojo apresurado. La idea de pintar una silueta "tomando prestada" la señal de prohibición me parece ingenua y encantadora a la vez. No podemos tomarnos demasiado en serio, parece decirnos este artista anónimo.

Grafiti en la calle des Rosiers, en el Marais.


También encontré grafitis en el Marais, esa zona de París en plena ebullición, llena de restaurantes, tiendas y espacios modernos y gay friendly, pero que también acoge el barrio judío de la ciudad y algunas de las mejores mansiones de los siglos XVII y XVIII, o la impresionante plaza de los Vosgos. Precisamente en la calle des Rosiers, en el barrio judío, están los tigres de esta fachada.

Una visita imprescindible en el Marais es el museo Carnavalet, alojado en dos magníficos palacios-mansiones, uno de los cuales perteneció a la marquesa ilustrada Madame de Sevigné. Pero esa es ya otra historia, una historia de mujeres y libros, que me reservo para otro día.