sábado, 5 de noviembre de 2011

Shakespeare en Stratford-upon-Avon


Hoy en Madrid llovizna, empieza a hacer frío, y el cielo encapotado y de color ceniza me han recordado mis días en Londres, cuando hace un año era una despreocupada estudiante de inglés que pasaba horas caminando, viendo exposiciones, curioseando librerías y haciendo excursiones.

Casa natal de Shakespeare.
Una de ellas, a Stratford-upon-Avon, donde nació y murió el William Shakespeare comúnmente tenido por "real". Controversia aparte, el dramaturgo inglés es el leit motiv de toda la zona, ya que, esparcidos en un par de kilómetros, pueden visitarse -a pie o en autobús turístico-  algunos de los lugares donde habitó y trabajó el genial Bardo universal, así como propiedades ligadas a sus padres y a su hija.



El edificio mejor conservado, y sede de la Fundación que tutela su legado, es la casa natal de Shakespeare, cuyos dormitorios, cocina, comedor, escritorio y jardín se pueden visitar por libre, pagando, eso sí, una entrada bastante cara. Yo había estado en Stratford hacía años, y conocía la casa, pero en esta segunda visita estaba sola y pude entretenerme a mi antojo admirando cada detalle de las habitaciones.

Dormitorio de la casa donde nació Shakespeare.
Esta casa lleva en pie cuatro siglos y está restaurada pero conserva un halo de misterio y recogimiento, con sus techos bajos, su escalera estrecha, sus suelos que crujen y sus peldaños que ceden bajo los pies. Es un edificio de adobe y madera recia, empleada en las vigas descubiertas, las ventanas y los muebles de época, casi ninguno poseído con certeza por Shakespeare. Y, aunque estaba prohibido tomar fotos en el interior, no pude contenerme e hice un par, de mala calidad y sin ningún ánimo de lucro. Eso sí, con el móvil y sin flash.


New Place, donde murió, en 1616.
También ligadas al célebre dramaturgo inglés están Hall's Croft -la casa donde vivió su hija- y New Place, la residencia que Shakespeare compró en 1597, cuando regresó de Londres para instalarse en Stratford. Aquí trancurrirían sus últimos días y aquí falleció, en el año 1616. El edificio original, de época Tudor, fue destruido en 1759 y sus cimientos sirven de base a un jardín. En la actualidad, los arqueólogos están desenterrando lo que queda de cuando Shakespeare lo habitó.

Holy Trinity Church.
William Shakespeare murió el 23 de abril de 1616, el mismo día de su cumpleaños, y fue enterrado dos días después en la iglesia donde recibió el bautismo: Holy Trinity Church. El edificio, que data de 1210 y está construido sobre un antiguo monasterio sajón, merece una visita por sí mismo, por su belleza elegante, su torre y su crucero de estilo gótico inglés primitivo, sus elaboradas vidrieras y su camposanto.

Lápida funeraria de Shakespeare. 
Pero es la tumba de Shakespeare, que yace en el suelo muy cerca del altar mayor, lo que hace que miles de personas atraviesen cada año la cancela del presbiterio de Holy Trinity. Al lado de Shakespeare están enterrados su mujer, Anne Hathaway, y otros miembros de su familia, incluso política, como es el caso de Thomas Nash, el primer marido de su nieta Elizabeth. Y, como todo en su vida y obra, también la muerte del dramaturgo inglés da pábulo a la leyenda, con el epitafio que preside su lápida:

"Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Dios bendiga a quien respete estas piedras
y maldito sea el que remueva mis huesos"

Dicen que fue el propio Shakespeare quien escribió esta maldición y mandó colocarla ahí, temiendo que, con el paso de los años, sus huesos fueran removidos o esparcidos. Por si acaso, la tumba del Bardo permanece intacta, preservada cuidadosamente, como sucedió durante las obras de restauración del año 2008.

Y ya fuera del circuito Shakespeare, una parada en el restaurante, pub y taberna The Garrick Inn, que a la impresionante fachada añade sus 600 años de antigüedad. Los parroquianos de The Garrick han sufrido la peste y todo tipo de calamidades, graves incendios y trifulcas religiosas, de las que todavía son testigos ciertos visitantes del "otro lado". Pero, claro, ¿qué edificio de 600 años que se precie no tiene unos pocos fantasmas?

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