miércoles, 26 de octubre de 2011

De volcanes, palacios minoicos y atlántidas perdidas

Erupción volcánica en la isla de El Hierro. Terremoto en Turquía. Inundaciones en Tailandia que tienen al país con el agua por las rodillas desde julio pasado. El lunes, el volcán siciliano Etna, el más grande y alto de los que siguen en activo, bostezó de nuevo y comenzó a lanzar al cielo chorros de lava ardiente y anaranjada. Y ayer, un seísmo de pequeña magnitud sacudió Almería. Mientras, en algún lugar del Planeta está a punto de nacer el habitante 7.000 millones. Hay guerras que terminan, otras encallan y algunas se vislumbran en un horizonte no tan lejano. En Europa nos peleamos con una crisis disparatada, en África apenas logran sobrevivir, y en gran parte de Asia la economía despega sin que el 90% salga de su pobreza de solemnidad. Así pasan los meses y los años. Y parece mentira que el tiempo no haga al ser humano más sabio, sino más avaro del bien ajeno y egoísta del propio; más inconsciente y aislado en su mundo hiperconectado. Sólo los desastres naturales permanecen constantes porque, seguramente, son la válvula de presión de la Naturaleza para restablecer el equilibrio.


Copia del fresco 'Príncipe de los lirios' en Knossos.
Lo tuve muy presente el mes pasado, durante mis 10 días de vacaciones en Creta revisitando esos paisajes que descubrí en 1993. Las ruinas de las ciudades minoicas sobrecogen con su increíble modernidad de más de 4.000 años de antigüedad. En Knossos, donde la leyenda sitúa el palacio del rey Minos, el laberinto de Minotauro, Teseo, Ariadna, Ícaro y sus alas de cera, la mitología griega se desborda preñada de héroes, dioses y humanos.

Nadie sabe qué mató a la civilización minoica, capaz de levantar magníficos palacios decorados con pinturas murales, como este fresco de los Delfines (entre 1800 y 1400 antes de Cristo). Pero una leyenda convertida en hipótesis sostiene que fue la erupción del volcán de la vecina isla de Santorini, entre 1628 y 1627 antes de Cristo. La tremenda explosión de caldera de ese volcán sumergió (¿para siempre?) buena parte de Santorini y causó un maremoto tan gigantesco que asoló el Mediterráneo y se llevó con él ciudades y palacios cretenses, como la primera fase de Knossos. No sabemos si este fresco es anterior a la ola gigante y se salvó, o si fue pintado para lucir en una sala del palacio posterior, reconstruido tras el maremoto. Pero ahí sigue, casi 4.000 años después.


Santorini, asomada a la caldera del volcán.
Los desastres naturales van de la mano de los mitos, y ahí están Noé y su arca para atestiguarlo. Es el caso de esta explosión prehistórica de Thera-Santorini, algunas de cuyas leyendas dicen que aqui nació también el mito del continente sumergido de la Atlántida. El oceanógrafo Jacques Cousteau así lo creía, y aunque la buscó allí, muríó sin encontrarla. Eso no quiere decir que no siga allí, ni tampoco que otros tengan éxito donde él fracasó.

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