miércoles, 11 de mayo de 2011

Heroínas en Madrid

'La bola de cristal, de Waterhouse.
La exposición de pintura Heroínas está a punto de echar el cierre en Madrid. El día 5 de junio, las magas, mártires, místicas, lectoras y pintoras vaciarán las salas de la Fundación Caja Madrid, probablemente al mismo tiempo que las solitarias, cariátides, ménades, atletas, acorazadas y amazonas son descolgadas de las paredes del Thyssen. Pero, hasta entonces, hay tiempo de admirar algunos cuadros en clave femenina.

Heroínas ha habido siempre, aunque los primeros catálogos de mujeres célebres, escritos por Hesíodo y Homero, las citaban por ser madres e hijas, esposas o amantes de los héroes. Las primeras mujeres ilustres por mérito propio fueron catalogadas por Boccaccio, que seguía la huella de Petrarca. Así se llegó a Christine de Pizan, la primera mujer escritora, quien, en 1405, redactó la primera defensa de las mujeres: Le Livre de la cité des dames. Fue la primera feminista.

Esta exposición abunda en obras modernas, particularmente desde el siglo XIX hasta el presente, aunque también hay sitio para cuadros remarcables del XVI, XVII y XVIII. Pero no se trata de una muestra lineal, sino de una sucesiva yuxtaposición de obras de distintas épocas, lenguajes y medios artísticos, con varias voces de mujeres artistas. Y, si en la primera parte de la muestra, en el Museo Thyssen-Bornemisza, abruma el poder físico de las heroínas, en la Fundación Caja Madrid el espectador se enfrenta a poderes espirituales sugestivos y cautivadores.

'Medea', según Evelyn Pickering.
La Medea de Evelyn Pickering de Morgan (1850-1919) puede verse como una alegoría de la mujer, como metáfora de esperanza y valor, y también como figura investida de poder (femenino) divino.

Evelyn Pickering de Morgan fue una de las mujeres artistas de la escuela Prerrafaelita. Nacida en una familia adinerada, estaba predestinada a hacer un buen matrimonio, pero ella escogió el arte, que estudió en secreto. Los cuadros de Morgan reflejan la irrefutable influencia de Burnes Jones, pero con un gusto especial por los temas alegóricos y los protagonistas erigidos en símbolos.

El Autorretrato de Sofonisba Anguissola (1532-1625) es una obra delicada y a la vez de una tremenda fuerza. Pintora italiana del Renacimiento, especialista en retratos, Sofonisba fue contemporánea de Miguel Angel, quien sería su consejero. Ella desarrolló un estilo a la manera de su maestro, pero aportando una gran dosis de originalidad en los retratos, por la forma en que pintaba la luz. Sofonisba fue la primera artista conocida en Europa por sus trabajos y, por ende, inspiración de muchas otras damas dedicadas a este arte, en una época en que solo los varones cogían los pinceles.

Circe rodeada de sus amantes, de Dosso Dossi, explora ese filón inagotable que es la  mitología. El pintor, cuyo verdadero nombre fue Giovanni Francesco di Luteri, pasó la mayor parte de su vida al servicio de los duques de Ferrara, Alfonso I d’Este y su hijo, Ercole II. Al principio de su carrera, Dosso Dosi trabajó en Venecia bajo la dirección de Giorgione. En 1513 se estableció en Ferrara, donde participó en el políptico para la iglesia de San Andrea, encargado por Antonio Costabili. Probablemente, ese mismo año viajó a Roma, donde conoció a Rafael. Tuvo contactos con artistas de Italia central y del norte de Europa, y visitó Florencia y Mantua. En su etapa de madurez profesional, entre 1513 y 1530, el estilo de Dosso es una síntesis entre Tiziano y Giorgione. Sus cuadros rebosan de paisajes exuberantes, poblados con figuras.

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