viernes, 1 de abril de 2011

La Tierra y el hombre, en el Museo de Ciencias

Hay museos para todos los gustos, estéticas y hasta bolsillos. El  Museo de Ciencias Naturales de Madrid está pensado y organizado para el disfrute de los niños y de quienes deseen refrescar sus conocimientos sobre la historia de la vida en este planeta, que se llama Tierra pese a que la mayor parte de su superficie sea mar.

Y en el mar empezó, y del mar salieron, los primeros indicios de vida conocidos, en forma de bacteria anaeróbica, hace entre 4.500 y 2.700 millones de años, según los investigadores citados. Desde ese momento, el planeta se fue poblando de seres de los que hoy solo tenemos noticia por sus fósiles.

Fósiles de los mares mesozoicos.
Es el caso de los delicados trilobites (542-251 millones de años), de las preciosas amonitas (400-65,5 millones de años), de los reptiles mesozoicos y, por supuesto, de los fascinantes dinosaurios, cuyos huesos y partes del esqueleto se exhiben en varias salas.

El museo atesora valiosos restos de impresionantes mamíferos, entre los que destaca el megaterio americano (Pleistoceno superior), que fue el primer esqueleto fósil montado en postura anatómica y estudiado por George Cuvier, padre de la Paleontología. Este ejemplar, hallado en 1788 en el Río de la Plata, fue enviado a Madrid y montado el mismo año. Hoy sabemos que su ensamblaje anatómico no es correcto, pero se conserva por su valor histórico. Junto al megaterio hay réplicas de dinosaurios, pero el megaterio es de verdad.

Esqueleto real de orangután y humano.
La evolución humana merece un capítulo aparte, que para eso en este siglo XXI d.C nos creemos el ombligo de todo. En el primer piso del museo, celosamente protegidos tras vitrinas de cristal, pueden verse numerosas huellas de pies y patas, cráneos, huesos y fragmentos de esqueleto de varios Australopitecos y otros homínidos.

Si después de ver la reproducción de Lucy (Etiopía, 3,2 millones de años), el Australopiteco más famoso del mundo, alguien quiere saber cuál es, exactamente, su sitio en esta evolución, el museo se lo pone fácil. En el panel derecho se explica la historia de la vida en 24 horas. Es decir, si el mundo se hubiera formado a medianoche, ¿a qué hora habría surgido la vida? ¿Y los dinosaurios? ¿Y el hombre? Tal que así:

00:00 horas: Formación de la Tierra. ¿Cómo? Échale la culpa al Big Bang.
02:00 h. Origen de la vida.
04:00 h. Restos de vida más antiguos.
06:00
08:00
10:00 h. Fotosíntesis aeróbica.
12:00
14:00 h. Primeros fósiles de eucariotas.
16:00
18:00 h. Fósiles pluricelulares más antiguos.
20:00 h. Diversificación de la vida.
22:00 h. Dinosaurios.
24:00 h. Humanos.

Por si no queda claro: los seres humanos llevamos en la Tierra un ratito muy corto, así que más nos vale no ponernos cómodos. El Planeta nos lleva ventaja en eso de aniquilar especies, aunque es cierto que nosotros nos las apañamos bien para exprimir y destruir, sin pensar en el mañana.

La visita a esta ala del museo concluye con un apartado dedicado a los minerales y otra sala repleta de meteoritos: más de 240 rocas espaciales que han ido cayendo en España desde el año 1773.

La exposición sigue en el ala izquierda del museo, para lo que hay que salir a la calle, pasar la fachada central (alberga dependencias del CSIC) y entrar en el siguiente portal hasta que nos topemos con un elefante enorme –con su reproducción, claro está-. La sala quizá más interesante es la del Mediterráneo, donde puede verse un calamar gigante pescado en Fuengirola en 2001.

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