miércoles, 3 de noviembre de 2010

Escenas de Oxford Street

Me entero de que Ana Patricia Botín deja Banesto para venirse a Londres a dirigir la factoría británica del Santander cántabro (y universal) el mismo día que los periódicos desmenuzan el revolcón electoral de los demócratas de Obama, y el metro de Londres se pone de huelga por tercera vez en dos meses, convirtiendo nuestro civilizado martirio diario en un calvario de proporciones bíblicas. ¡Menos mal que Belén Esteban regresó a España con su marido recién absuelto y los Cruz-Bardem han vuelto a esconderse de los molestísimos paparazzi tras enseñar sus patitas en Greenwich!

Yo, por mi parte, tras acabar mis clases me he ido de compras por Oxford Street, donde los adornos navideños rivalizan con los letreros anunciando rebajas. Como toda la calle es una pura tienda, la competencia es feroz y se pueden encontrar buenos precios. Y no me refiero a Primark (el equivalente a los almacenes Arias cruzados con la peor Galerías Preciados), H&M, Zara o M&S, sino a sitios como TopShop, Clarks, Selfridges, House of Fraser, etc. En media hora, en Clarks, resolví los regalos para cinco personas y, además, salí contentísima porque la dependienta sólo notó que yo era española al pasar mi tarjeta de crédito (sí, ella también española, of course).

Y, como en mi rutina diaria se encadenan las coincidencias, al tomar un atajo para evitar la muchedumbre en Oxford Street, fui a dar a la calle Hanway, donde me topé con, nada más y nada menos, que tres bares-restaurantes españoles. No entré en ninguno, pero hice las pertinentes fotos, por si acaso. Supongo que todavía estoy algo traumatizada por el recuerdo indeleble de la paella petrificada en plástico fosilizado que me dieron en el restaurante español del mercado de Spitalfiels. Pero, volviendo a la calle Hanway,  allí está Sevilla Mía, que casi pasa desapercibido porque está pared con pared con una tienda de discos estilo Soho. 

Justo en frente, Nuevo Costa Dorada es más amplio, tiene menú en la calle y exhibe con orgullo una crítica gastronómica que alaba la calidad de sus materias primas y sus tapas, muy de moda en Londres, incluso en sitios que nada tienen que ver con España. El bar de fachada más peculiar tiene nombre inglés, Bradleys, pero se proclama español y se adorna con colores y letreros de las cervezas San Miguel y Cruzcampo. A dos pasos de Oxford Street.

Tras este fugaz contacto con la españolidad, pensé en dar un paseo, pero una pintoresca escena me decidió a coger el autobús de regreso a casa, a la placidez de un barrio donde no necesitara de medios de transporte. En la puerta de TopShop, un actor-modelo, un cámara y un técnico de sonido rodaban un anuncio, supongo que de las rebajas o la próxima campaña de Navidad. Algo parecido a cuando en Madrid las cámaras de TV salen a la calle, normalmente a Preciados, a preguntar a los viandantes. Éramos bastante los que hacíamos fotos del rodaje, con el modelo repitiendo toma tras toma y poniendo cara de fastidio por la atención que estaba recibiendo, a menudo en forma de codazos.

De repente, una chica sale de la nada, se mete entre las docenas de curiosos y aparta de un manotazo a los tres del anuncio. “Una fan-fanática”, pensé yo. Pero no, ¡qué va! Una pobre mujer que al ir a recoger la bicicleta que dejó encadenada a una farola, sólo se encontró el sillín; eso sí, todavía con la cadena puesta.

2 comentarios:

  1. On Hanway Street, there is also an underground Spanish after hours 'club' (basement). You might remember seeing this camera repair shop? Watch repair shop by day, Spanish basement bar at 3 in the morning known as 'Pepes'. It's fun (for the once every 3 years that muster up the stamina for an all nighter)

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  2. I didn't notice that one but I'll take your advice (just in case LOL).

    Cheers!

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