miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ana María Matute ya es Cervantes

Por un día, me sacudo la pereza de este frío invernal londinense. Y no para hablar de las protestas estudiantiles que acaban en revueltas; ni de los apuros de Irlanda para apretarse el cinturón, cumplir con los prestamistas y no perder el gobierno por el camino; ni siquiera para expresar mi preocupación por los roces constantes entre las dos Coreas. Todas estas noticias, reacciones y sesudos análisis están en la BBC, así que me saltaré la parte donde suelo ponerme redundante.

Hoy Ana María Matute ha ganado el premio Cervantes y hay que celebrarlo. Lo primero, darte la enhorabuena, Javi, porque al fin se ha hecho justicia y el rey Gudú, la princesa Tontina y el príncipe Predilecto están un poco más a salvo del olvido.

Asistí a una conferencia que pronunció en la fundación Juan March de Madrid hace poco más de un año. Ana María Matute habló de escritura y de vida, que para ella vienen a ser la misma cosa. Defendió la inocencia de los niños y la sabiduría de los cuentos de hadas. Se puso al margen de rencillas y envidias, habló de una novela que tenía en mente y que esperaba poder terminar antes de morir. Sería magnífico que este premio, el más importante de las letras en español, sirviera para dar energía a su muñeca y también para que la leyéramos más.

Enhorabuena, Ana María.

2 comentarios:

  1. Yo también estuve en aquella conferencia-entrevista, querida Irene. Y conozco a un Javi enamorado de los Gudulines y los Almíbares... ¿Seremos almas gemelas?

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  2. Pudiera ser, querido amigo, que las almas también se cansen de vagar, solitarias, sin ninguna otra mitad a la que criticar.

    Ay, los Almíbares, ¡qué buenos ratos de conversación nos han dado y aún nos han de dar!

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