domingo, 3 de octubre de 2010

Zapatero, Gómez, Maquiavelo

Zapatero y Gómez tienen mucho más en común que las diferencias que los periódicos se empeñan hoy en resaltar. Por ejemplo, sus apellidos anodinos, ni bien ni mal sonantes, simplemente… anónimos apellidos de gentes que, de no ser por el ruido político, jamás habrían sonado en nuestros oídos.

Zapatero ha ganado contra pronóstico todo lo que ha ganado. Gómez parece nadar contra la corriente en esas mismas aguas.

Zapatero apenas da ya las brazadas justas para no hundirse mientras le llega el relevo. El PSOE necesita un sustituto para ganar las próximas elecciones, dentro de ocho años, quizá cuatro, porque parece seguro que la alternancia popular está al caer.

A Gómez, de nombre Tomás, lo conocen hoy en toda España porque ha derrotado a Zapatero en Madrid; con permiso de Trinidad Jiménez, que era quien realmente se enfrentaba a Gómez, de nombre, Tomás. Esas elecciones primarias, que deberían importar sólo a los afiliados del PSOE en Madrid, nos las han vendido desde el principio casi como una cuestión de Estado, gracias a lo cual, Gómez, de nombre Tomás, es hoy alguien en la política nacional.

Zapatero ya ha demostrado lo muy capaz que es de sacar los pies del tiesto. Sintiéndolo mucho, Gómez ya los sacó de su Parla del alma, para ponerse a la cabeza de los socialistas madrileños, y hay quien dice que con el apoyo del mismísimo Zapatero.

Zapatero dijo, dice y dirá, que él nada se jugaba en las primarias de Madrid. Quizá la respuesta correcta a esa pregunta la dará Tomás Gómez cuando se enfrente a la imbatible cancerbera popular en la Comunidad de Madrid.

Por lo pronto, la aureola de triunfo, la corona de laurel, adorna esta noche la cabeza de Gómez, de nombre Tomás, a quien Zapatero ha hecho la mejor gratuita campaña de publicidad que jamás pudo soñar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario